Se acabaron las mentiras, por Javier Astasio



Ya está. Los peores presagios se han cumplido y ahora, tarde ya, comprobamos que Rubalcaba tenía razón cuando hace ocho meses, en plena campaña electoral, acusaba a Rajoy de no decir la verdad cuando prometía no subir los impuestos, oponiéndose fieramente a la del IVA, no tocar la sanidad, la educación, las pensiones o el subsidio de desempleo. Ya le ha metido mano a todo y a algún colectivo, como el de los funcionarios, por partida doble.
Pero a este ¿presidente? que nos ha tocado en suerte por la buena fe, la corteza de miras o el egoísmo de una gran parte de los ciudadanos con derecho a voto, no le basta con hacer daño sin necesidad o de manera injusta, este "presiausente", además, tiene que ofender, calumniar y, a ser posible, sembrar las dudas del resto de los ciudadanos sobre sus víctimas. Porque, señor Rajoy, contra el fraude –en el IVA, a la Hacienda, en el subsidio de desempleo- sólo hay un camino: inspección y sanción, aunque ya sé que usted prefiere amnistiar a unos y perseguir, injustamente, a otros.
Cómo entender, si no, sus alusiones y las de sus ministros a los privilegios de los funcionarios y su acomodaticia actitud. Cómo, si no, permitirse dudar del interés de los parados por encontrar trabajo, salvo que, con ello, pretenda "rebañar" del subsidio de quien no encuentra trabajo desde hace meses los millones de euros que no es capaz de "sacar" de los innumerables asesores de sus ministros, de las carísimas e inútiles campañas publicitarias de su gobierno y muchos gobiernos autonómicos, de los costosos y caprichosos viajes -Dívar no lo hubiese hecho mejor- a citas con el destino tales como presenciar la final de la Eurocopa o devolver a la oscuridad de la catedral de Santiago el códice robado.
Ayer a estas horas decía que Rajoy estaba siendo tan aburrido que ni siquiera conseguía cabrearme y, sin embargo, lo consiguió, porque hay modos y modos de hacer las cosas y él siempre acierta con el peor. No se puede ser más hiriente y ofensivo y, sobre todo, no se puede tener una cla más miserable que la que ayer le hizo la ola desde los escaños del grupo popular, aplaudiendo que muchos parados tengan que recortar aún más la alimentación de sus hijos, la ropa con que les visten o las medicinas que les dan, algo de lo que ayer mismo fui testigo en una farmacia gaditana, comprobando cómo unos céntimos de más marcan la diferencia entre dar o no dar el jarabe apropiado a un niño enfermo.
Pero no. Ellos no. Ellos viven en su burbuja, rodeados de sus palmeros, sin el menor contacto con la realidad, alejados del sufrimiento, mintiendo con soltura y con técnica, ocupando, por ejemplo, casi toda la programación de tarde del canal 24 Horas de la televisión de todos -no del PP, de todos- en la retrasmisión completa de una tediosa comparecencia del ministro de Agricultura que no tenía más interés informativo que el de desterrar de la antena todo lo relativo al golpe de estado incruento pero cruel que acababa de dar su "jefe" y, sobre todo, las duras reacciones que cosechó en apenas unos minutos.
Y sobre esto quiero incidir: Rajoy nos mintió en todo y, no sólo eso, Rajoy con sus incompetentes ministros ha dejado todo mucho peor de lo que estaba, salvo que uno tenga, como el ministro de Economía, amigos en la piscina de los tiburones de los mercados y vea bien que eso de ir lanzándoles carnada para mantenerlos bien cebados.
Rajoy no sólo mintió, sino que está haciendo todo lo contrario de aquello que prometió para llegar a la Moncloa. Por menos, se pasaron meses pidiendo elecciones anticipadas y yo creo que, si como dice, carece de libertad para gobernar, debería ser decente, al menos por una vez, y convocar unas elecciones que le confirmen en su alocada deriva o llevan a la Moncloa a alguien con las ideas más claras.
Nos ha mentido y se le ha visto el plumero. Que se vaya.


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