¿Sabremos la verdad algún día?, por Javier Astasio



Cada vez lo tengo más claro. Mucho me temo que no, que nunca sabremos la verdad sobre el desastre consentido y propiciado en Bankia. Nuestros representantes, los que deberían velar por nuestros intereses están demasiado acostumbrados a mentir, casi tanto como nosotros lo estamos a callar. Y, con esa ventaja, en esas condiciones, cómo podemos pretender que alguien nos diga que pasó y por qué.

Ayer tarde asistí en el Telediario de las nueve a la paradoja de ver cómo la crónica en que se adelantaba el reconocimiento por parte del Consejo de Administración de Bankia, el que presidía el "pobre" Rato, de que nos había engañado en las cuentas, de que el banco de la vergüenza no había ganado en 2011 los trescientos millones de euros que firmaron al pie de sus cuentas, sino que tuvo tres mil millones en pérdidas, estaba ilustrada con la entrada de esos consejeros en el garaje de las torres, cada uno de ellos a bordo de un flamante, carísimo y alemán Audi 8.

Habrá quien piense -ya lo estoy escuchando en boca de algunos creadores de opinión pública- que eso de "maquillar" las cuentas es algo habitual ¿Y qué? También son habituales el robo, la violencia y el tráfico de drogas y, sin embargo, están considerados delito. Entonces, me pregunto, por qué no se lleva a los tribunales a quienes, con sus mentiras, han llevado a millones de clientes a hacer nuevos depósitos en Bankia o a mantener sus ahorros en ella.

No sé si la cárcel sería el justo castigo para quienes mienten con tanta alegría a costa de ahorros de tanta gente. Desconozco las leyes, pero el corazón me dice que no estaría mal. Tampoco le estaría que se les prohibiese tocar un euro más, salvo los suyos, y siempre que hubiesen satisfecho el desastre ocasionado por sus nefastas decisiones o por el silencio cómplice para que otros las tomasen.

Y aquí llegamos al meollo del asunto. Llegamos a la falacia que suponen todos esos consejeros que, en el caso de las cajas de ahorro, se nombraban atendiendo a las cuotas de poder de los partidos en comunidades autónomas o ayuntamientos. Hay quien dice que, al fin y al cabo, se limitaban a calentar la silla y cobrar el sueldo, lo que no resulta nada consolador, sino todo lo contrario, porque, con su silencio, han comprometido la posibilidad de conocer la verdad de Bankia.

Horas antes de que estallase, con su espoleta retardada, la bomba de Bankia, Miguel Ángel Fernández Ordóñez pidió por carta comparecer en el Congreso para explicar su verdad sobre el desastre de la banca española. Inmediatamente supimos que al PP no le hace gracia el asunto, como tampoco le hace gracia que Rato y Blesa, miembros del partido o recomendados por el partido y primeros actores de la debacle en Bankia, comparezcan ante una comisión parlamentaria.

Si lo hacen, es porque saben que el PSOE no va a esforzarse mucho en pedirlo, porque comparte con ellos demasiados secretos de alcoba que explicarían todo el proceso o porque se vería salpicado por tanta mierda como han visto pasar ante sus narices sin haberla olido.

La única esperanza que nos queda es la de la iniciativa ciudadana y los tribunales, aunque, para que fructifiquen y se extiendan, es necesario el apoyo y el aliento de la prensa. Y esa, la prensa, vive de la publicidad y los créditos que provienen de quienes deberían sentarse en el banquillo.

Ya a punto de publicar esta entrada en el blog, escucho a Goirigolzarri, pensionista de lujo, decir que no ha encontrado nada sucio en la gestión de Rato y Blesa. ¿Qué son entonces? ¿Simplemente torpes? Lo siento, pero la buena voluntad no me da para tanto

Ah, una cosa más, que subasten los audis, porque, para parar algún desahucio, seguro que dan.


 
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