Rutas por Budapest: Vigadó Tèr y su princesita, por @NabiaOrebia

Subida en el autobús que me lleva a Brno (Rep. Checa) donde -si no lo he hecho mal- me espera mi amigo Jose y el fin de esta nueva experiencia como viajera solitaria. Anoche no hubo fotografía nocturna, se me pasó la hora azul mientras cenaba en el italiano. Hoy he rabiado y pataleado, siempre me pasa lo mismo: me canso demasiado durante el día porque lo quiero ver todo y al llegar la noche no puedo con mi vida. Ahora tengo que volver a Budapest para hacer esas fotos que me han quedado pendientes.

La princesita, con el tranvía pasando y el Palacio Real al fondo, al otro lado del Danubio

Al menos, hoy ha sido un día muy productivo. Solo tenía hasta las tres de la tarde para visitar el resto de la ciudad, así que a las 8 ya estaba saliendo por la puerta del hostal después de un sencillo pero abundante desayuno a base de pan con toda clase de untables: nocilla, miel, mantequilla, mermelada, queso y hasta foie.

Lo primero que he hecho ha sido ir a Vigadó Tèr en tranvía aprovechando que aún estaba dentro de las 24 horas de validez del bono que compré al llegar. Solamente el paseo, con la mañana tan soleada y siempre con el Danubio a la derecha, ha sido un regalo.

Vigadó Tér, casi sin gente a esas horas de la mañana

En Budapest todo se ve rápido, pero también tiene que ver que voy con el turbo puesto. Vigadó Tèr es una plaza que está prácticamente a orillas del río, solo separada por el tranvía, el carril para los coches y el embarcadero desde donde se cogen los barcos para dar paseos por el Danubio. Aquí me he encontrado con la famosa estatua de la princesita y con otra menos conocida pero muy original de una chica con un pastor alemán y una pelota.

La chica con el perro

La estatua es muy llamativa, sobre todo porque fue colocada de manera muy original, sentada sobre la valla del tranvía. También es conocida como la estatua del duende, ya que el gorrito que luce la presunta princesita, lleno de picos, llama a engaño, ya que parece más bien el de un duende. Ocurre que el artista, Laszlo Marton , se inspiró en su hija pequeña y en un disfraz que vestía a veces y que era así. La escultura fue hecha en 1990 y está a tamaño real. Este mismo artista es el autor de muchas de las estatuas que hay en Budapest. Según su página web, ha hecho nada menos que 131 esculturas para decorar la ciudad.

Ciertamente, no parece una princesa sino un duende

Las guías de viaje, no obstante, exageran. la calle no es ni tan grande ni tiene tantos comercios como yo esperaba. Es peatonal, espaciosa pero no demasiado ancha, y eso sí, tiene mucho encanto. Una de las sorpresas que me encontré es que en la vecina Plaza Vörösmarty, desde la que arranca esta calle, hay una tienda de Bershka y otra de Stradivarius. Y no son dos establecimientos cualquiera, en Budapest parecen de lujo: escaparates minimalistas, letreros dorados… Parece que Inditex está muy bien considerado en Hungría.

Stradivarius y Bershka versión lujo

Esta plaza no tiene nada de especial más allá de lo bonita o agradable que resulte para pasear, pero si terminé aquí fue porque era mi punto de partida para visitar Vàci Utca, una calle que discurre paralela al río y que se considera la más importante de Budapest después de la Avenida Andrassy. Es la calle comercial por excelencia, está llena de tiendas de recuerdos, restaurantes, cafés… La mayoría de sus edificios son del siglo XIX, y el más antiguo, en el número 13, es de 1805. Cuando terminas de recorrerla, llegas a una calle ancha con tráfico y edificios monumentales, y es como salir del siglo XIX de golpe y entrar en el XXI.

Vuelta a los coches y los semáforos

También en Vörösmarty escudriñé la carta de Gerbeaud, la pastelería más famosa de Hungría. Fue fundada en 1858 y desde entonces fue adquiriendo fama gracias a su repostería. Dicen que son deliciosas, pero yo no puedo dar fe de ello ya que tenía el estómago lleno después de mi copioso desayuno. Los precios, de todas maneras, no son prohibitivos: un pedazo de tarta cuesta unos 750 florines (casi 3 euros) y también se puede comprar algún pastelito por unos 300 florines (sobre 1,5 euros).

Interior de Gerbead. Imagen cedida por Mrullmi vía Flickr.


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