‘Ruiz Gallardón y las basuras’, por Javier Astasio

 
 
Si algo me revienta en esta vida es que haya gente que sobrenade a sus propias responsabilidades y aproveche la más mínima para saltar a la orilla, colocándose en un limbo libre de culpas, libre de reproches y, lo peor de todo, a cubierto de la memoria de los medios de comunicación y, con ello, de la denlos ciudadanos. Aquí, en Madrid, tenemos un claro ejemplo de ello y ese ejemplo no es otro que el hoy ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, responsable de tan faraónico derroche durante su gestión al frente del ayuntamiento madrileño que ha convertido a  la capital de España en una de las ciudades más endeudadas, no sólo de España, donde encabeza la lista, sino del mundo.
Por eso me pareció esperpéntico escucharle ayer defender la gestión que de la huelga de limpieza ha hecho su sucesora en el Versalles de Cibeles, que otra cosa no es la faraónica sede del ayuntamiento en que enterró centenares de millones de euros, cuando en la caja ya no había dinero para atender las verdaderas necesidades de los madrileños. Escuchar de esa boca que parece decir sin decir que fuerza tanto el gesto de elogio que da vergüenza ajena oírselo hablar de la firmeza de Botella sólo se puede soportar si uno cae en la cuenta de que es puro sarcasmo.
O eso, o un encargo de más arriba para salvar la cara de quien se está pagando los platos rotos de la descapitalización de uno de los municipios que, por pura lógica, más recauda de este país. Y que conste que no me da ninguna pena lo que debe estar pasando la "ex primera dama" -no lo era, pero ella así lo creía- de España, pero me saca de mis casillas que el verdadero responsable de todo lo que hoy sucede en Madrid ande escaqueado y permitiéndose regalar, con más o menos entusiasmo, tan increíbles piropos a su chivo expiatorio.
Y eso, a pesar de que ya deberíamos estar acostumbrados, porque también la huella de Gallardón estaba en la tragedia del Madrid Arena, que se terminó y comenzó a utilizarse para espectáculos de masas bajo su mandato. Pero Gallardón tiene la habilidad suficiente, también las ratas la tienen, de encontrar antes que nadie la puerta de salida cuando las cosas vienen mal dadas. Y, si no, al tiempo, Porque ya veremos lo que tarda en escapar, si no le sacan antes del despacho desde el que tantos desaguisados anda haciendo en la justicia de este país.
La actual gestión de las basuras de Madrid es obra suya, porque fue él quien, para poder subir en su día el IBI, hizo el paripé de contarnos que tal impuesto englobaría también la recogida de basuras. Pero, en cuanto hubo que pagar emes treinta, sueños olímpicos, y palacios municipales dinos de reyes absolutistas, no dudo en resucitar la tasa de recogida de basuras, sin descontarla, claro, del carísimo IBI.
De aquellos lodos de Gallardón han venido estos lodos de Botella y, si bien ésta es absolutamente responsable de haber estado donde está, la mayor parte de la basura del conflicto le corresponde al ministro Gallardón y debería estar en su puerta.
 
 
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