Inicio » Blogs »

RIVERA COMO TRUMP, por Javier Astasio

 
De sobra sé que Albert Rivera, recién salido de un escaparate de Cortefiel, físicamente tiene poco que ver con el delirante presidente norteamericano, con su flequillo imposible y sus trajes a medida que, más que trajes, parecen tiendas de campaña, tampoco en sus ademanes, exagerados los de Trump, contenidos y calculados los de Rivera. Sin embargo, uno y otro defienden lo mismo, los grandes intereses económicos, uno de forma burdamente personal, suya es una de las mayores fortunas de esa américa que dice anteponer a todo. el otro de forma taimadamente vicaria, y lo hacen pases lo que pase y caiga quien caiga.
De los orígenes de Trump, lo sabemos todo, asuntos de cama incluidos. O al menos eso creemos. De los de Rivera, no tanto, porque nunca ha quedado claro de dónde salió el dinero para esa campaña en la que un brillante empleado de banca jugaba a mostrarse desnudo en los carteles, sin que, como pasa con su programa y, lo que es peor, su pensamiento, podamos ver nada.
No obstante, Trump y Rivera se parecen mucho. Uno y otro son aparentemente impredecibles en sus reacciones y, sin embargo, cada una de sus decisiones, cada uno de sus gestos, llenos de aspavientos los de Trump, más fríos y comedidos los de él, responden a un plan previamente trazado, que siempre es el que mejor se ajusta a sus intereses y a los de quienes les apoyaron y les mantienen. 
Lo ha demostrado Trump, beneficiando con sus falsas lecciones de patriotismo, beneficiando con sus bravuconadas frente a Corea del Norte, destinadas a sembrar la inestabilidad entre los dragones de la economía asiática, y también a los grandes padrinos del petróleo, que tanto deben a los Bush, y a sus dos guerras, con su abandono del pacto nuclear con Irán que, de momento, ya ha cosechado, mal que nos pese, una importante subida de los precios del crudo, que, además de llenar los bolsillos de sus socios en el cercano oriente, frenarán la recuperación de economías como la nuestra.
A Albert Rivera, que se dice defensor de la unidad de España, le importan poco los españoles, como bien demostró ayer, abandonando el acuerdo del 155 de manera abrupta e inesperada, un gesto más propio de Trump y su populismo, dirigido a impedir que Mariano Rajoy, al que ya ha alcanzado en el sondeo del CIS, pueda apuntarse el tanto de haber forzado la constitución de un gobierno ajustado a la legalidad en Cataluña.
Carles Puigdemont, con su balsa desinflada y a punto de naufragar, le estará muy agradecido, porque los aires de héroe de la Reconquista que persigue Rivera, poniéndose a la derecha de los "patriotas" más patriotas. Ahora, con la estudiada "radicalización", el ex president ya puede decir que lo peor aún no ha llegado, porque el 155 blando y breve que ha aplicado Rajoy y que puede levantarse tras la más que probable constitución del gobierno catalán, puede quedar en nada comparado con la dureza que pretende Rivera, sólo y exclusivamente para convertirse, de cara a las elecciones en el resto del país, en un Don Pelayo justiciero, defensor a sangre y fuego de la unidad de la patria.
Como a Trump, poco le importan a Rivera las consecuencias de sus planes, porque, de la patria y los patriotas, sólo le importan los votos, Quizá por eso dejó ayer a Rajoy cariacontecido en su escaño, quizá por eso éste le llamó "aprovechategui", quién mejor que el propio Rajoy, que lo ha sido frente al PSOE con el terrorismo y la economía como rehenes, para saber lo que hace un aprovechategui.
Ni a Rivera ni a Trump les importan una higa los norteamericanos ni los ciudadanos. lo único que les importa es estar ahí, en lo alto, para tomar las decisiones que más convengan a sus padrinos. Por eso invocan siempre la bajada de impuestos y el patriotismo, dos cosas con las que a las almas simples los ojos les hacen chiribitas, drogas ambas que atontan y adormecen las voluntades, permitiendo el saqueo y los abusos a los que nos tiene ya acostumbrado la derecha sin alma, que sólo desea seguir con las reformas que los hacen posibles.
Rivera y Trump se parecen en eso, no son tan distintos. Rajoy también, pero a Rajoy hace tiempo que se le cayó la máscara.