Revoluciones políticas o sociológicas, por Natalia Laura Méndez Villa (@Hipatalia)


Me ha dado por estudiar un poco la Revolución de 1868. Y leyendo me he dado cuenta de que tiene mucho en común con la actual crisis; ¡va a ser cierto eso de que la historia es cíclica!

Una crisis industrial en Cataluña precedió a una crisis económica, la primera crisis financiera del capitalismo español.Las pérdidas sufridas por las compañías ferroviarias arrastraron a los bancos. Dicha crisis además acentuó la crisis de subsistencia y racha de malas cosechas que estaban soportando los integrantes del pueblo llano (¡cómo siempre!).

No os quiero dar lecciones de historia, quiero mostrados las similitudes básicas y arrancar desde aquí para decir que ante esta situación, y la incompetencia de los políticos y monarcas del momento (¡anda, otra similitud!) burgueses, campesinos, pueblo en general se levantó, luchó por sus derechos y su bienestar y consiguieron acercarse un poquito más al estado de bienestar que poco a poco se nos está arrebatando de nuevo.

Adelardo López de Ayala redactó el manifiesto revolucionario, el cual inspiró a muchos hace dos siglos y el cual, hoy en día, también nos puede inspirar a muchos (pese a ser un poco ambiguo); y ojo que con esto no incito a las armas, sino a la revolución social que tanto necesita España y sus políticos. Así pues aquí os dejo la parte…fundamental.


                   Españoles: la ciudad de Cádiz puesta en armas con toda su provincia (...) niega su 
              obediencia al gobierno que reside en Madrid, segura de que es leal intérprete de los 
              ciudadanos (...) y resuelta a no deponer las armas hasta que la Nación recobre su soberanía, 
              manifieste su voluntad y se cumpla. (...) Hollada la ley fundamental (...), corrompido el sufragio 
              por la amenaza y el soborno, (...) muerto el Municipio; pasto la Administración y la Hacienda 
              de la inmoralidad; tiranizada la enseñanza; muda la prensa (...). Tal es la España de hoy. 
                  Españoles, ¿quién la aborrece tanto que no se atreva a exclamar: «Así ha de ser siempre»? 
             (...) Queremos que una legalidad común por todos creada tenga implícito y constante el 
             respeto de todos. (...) Queremos que un Gobierno provisional que represente todas las 
             fuerzas vivas del país asegure el orden, en tanto que el sufragio universal echa los cimientos 
             de nuestra regeneración social y política. Contamos para realizar nuestro inquebrantable 
             propósito con el concurso de todos los liberales, unánimes y compactos ante el común peligro; 
             con el apoyo de las clases acomodadas, que no querrán que el fruto de sus sudores siga 
             enriqueciendo la interminable serie de agiotistas y favoritos; con los amantes del orden, 
             si quieren ver lo establecido sobre las firmísimas bases de la moralidad y del derecho; 
             con los ardientes partidarios de las libertades individuales, cuyas aspiraciones pondremos 
             bajo el amparo de la ley; con el apoyo de los ministros del altar, interesados antes que 
             nadie en cegar en su origen las fuentes del vicio y del ejemplo; con el pueblo todo y con la aprobación, 
             en fin, de la Europa entera, pues no es posible que en el consejo de las naciones se haya 
             decretado ni decrete que España ha de vivir envilecida. (...) Españoles: acudid todos a las armas, 
             único medio de economizar la efusión de sangre (...), no con el impulso del encono, 
             siempre funesto, no con la furia de la ira, sino con la solemne y poderosa serenidad con 
             que la justicia empuña su espada. ¡Viva España con honra! 


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