Reventar por no toser, por Javier Astasio



¿No os ha pasado nunca? Es angustioso y siempre acaba como acaba: en una explosión incontrolable y descomunal de aquello que querríamos evitar. Suele ocurrir cuando todo el mundo está pendiente de nosotros y sentimos una enorme necesidad de toser. Es entones cuando nos parece inoportuno girarnos un poco y, discretamente, aliviarnos tosiendo. Qué pensarán, pensamos ¿Que estoy enfermo? ¿Que no tengo educación? ¿Que está sucio mi pañuelo? Nos han enseñado que es mejor aparentar que ser y en esas estamos ¡Qué vergüenza!

Dejamos de intervenir en la conversación, nos va faltando el aire, nuestro color se va tornando rojo y cada vez estamos más congestionados. Tanto, que ya se nos saltan las lágrimas y, cuando todo el mundo está pendiente de nosotros, reventamos en una explosión de tos compulsiva que todo lo interrumpe y a todo el mundo salpica.

Eso, exactamente eso, es lo que está pasando con España y sus bancos. Rajoy, y ahora Rubalcaba, se han empeñado en aguantarse la tos que nos provoca toda la basura acumulada en Bankia y qué se yo cuántos bancos más para acabar reventando ante toda la prensa y los mercados mundiales, salpicando a los españolitos de a pie con los humores contenidos en los enormes agujeros de los infectados pulmones de la banca.

Cuando llega este momento, ninguno queremos saber cómo llegamos a enfermar de esa manera. No queremos acordarnos de aquella noche que paseamos la casa sin calzarnos las zapatillas, ni de aquella divertida velada que pasamos en la terraza de le especulación inmobiliaria ligeros de ropa, aunque, eso sí, en agradable compañía. Mucho menos de aquella ducha helada de la que tanto tardamos en recuperarnos, ni de habernos dormido con la ventana abierta, en medio de la corriente.

Si hacemos esto, nos estamos equivocando de medio a medio. Lo mejor es toser y asumir a tiempo que nos hemos enfriado, tratar de ponerle remedio y, sobre todo, cuidarnos para salir del trance. Sin embargo, quienes pueden, en lugar de atajar el asunto en el origen, han decidido que, para combatir esa tos incipiente y sintomática, lo mejor era ir amputando los dedos de las manos y los pies, uno a uno, y, ante la falta de resultados seguir con tan traumática cirugía.

Lo peor es que, ahora que ya sabemos lo que nos pasa, el médico al que pedimos una segunda opinión, Rubalcaba, parece empeñado en seguirle la corriente a nuestro, forzado, médico de cabecera, Rajoy ¿Por qué lo hace? ¿Es acaso el gremialismo de los políticos, es acertado el diagnóstico de Rajoy o es que uno y otro tratan de exculparse de haber dejado que nuestro catarro haya acabado en neumonía?

No lo sé, pero quiero saberlo. Quiero que los que nos llevaron al catarro, los que se empeñaron en ocultarlo y los que ya no son capaces de contener nuestra tos paguen el tratamiento y la factura del especialista al que habrá que recurrir para curarnos.

De la patética rueda de prensa de Rajoy ayer en Génova 13, mejor no hablamos.


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