Réquiem por P183. El espacio público como lienzo ilimitado, por Elisabet Luengo (@sumasyrestas)

Hace unos días llegaba a la sección de cultura de los medios de comunicación de diversos países un comunicado sobre la muerte del artista callejero P183. Pável Pukhov desaparecía de un mundo que le sirvió como lienzo, bajo causas desconocidas y con la ausencia de toda investigación policial. La noticia venía, por tanto, envuelta en cierto halo de misterio que ha llevado a los medios a centrarse más en las hipótesis post mortem que en el legado que el artista ruso ha dejado.

Un legado físicamente inexistente (o casi) debido a la eliminación de las obras por parte de las autoridades municipales atendiendo a la prohibición de arte urbano – más aún siendo crítico -.  La subversión que implica la adopción del espacio público como museo ilimitado y medio de expresión, ha conllevado la supresión de la mayoría de los trabajos realizados por P183, que afortunadamente están recogidos en la red gracias a las fotografías que él mismo tomaba para dejar constancia de sus acciones.
Pável Pukhov ha muerto sin llegar a cumplir los 30, pero sus obras de arte callejero pueden contarse por docenas debido a una temprana iniciación en el street art que le otorgaba ya una experiencia de 17 años. Las normas comenzaban a tambalearse para el artista allá por 1996, cuando para lograr continuar con sus intervenciones decide mantenerse en el anonimato y firmar con el pseudónimo P183 (Pasha 183). 

Las calles son las salas expositivas más accesibles para cualquier persona. La calle es al mismo tiempo mi taller y mi galería.


Cuento del tiempo perdido

Los habitantes de Moscú y San Petersburgo son sin duda, quienes más oportunidades han tenido de contemplar sus creaciones in situ, aunque otras ciudades rusas como Yekaterimburgo también fueron objeto de intervención para el artista. Las zonas en decadencia, las fábricas abandonadas, los muros, los puentes, las carreteras o las zonas de recreo sirvieron de soporte para la ejecución de estarcidos, adhesivos, objetos y pintura en aerosol. En las pocas entrevistas que P183 concedía a los medios solía justificar sus primeros trabajos realizados en blanco y negro atendiendo a razones puramente económicas que le impedían utilizar pintura de color (más cara), un elemento algo baladí para un artista al que por encima del estilo, le preocupaba el significado de lo que hacía.

Como artista, para dibujar algo, hay que entrar en lo que estás haciendo.                                                    .             

Tal vez las dificultades económicas del artista hayan influido en los mensajes que proyectaba en sus obras. Cercano ideológicamente al anarquismo que rechaza toda autoridad, sus obras están plagadas de denuncia social. El trasfondo político y la crítica al consumismo capitalista son una constante en sus intervenciones pese a negarse a aceptar la etiqueta de “artista político”.
Muestra de ello es  la conferencia que ofreció en el II Festival de Publicidad Honesta de Ekaterimburgo (único acto público al que aceptó acudir en su vida). Allí, con el rostro cubierto por un pasamontañas como acostumbraba a aparecer, Pável Pukhov reflexionaba sobre la manipulación que la publicidad ejerce sobre los ciudadanos que se ven impulsados a comprar y a venderse y las relaciones de mercado que extienden sus tentáculos hacia cualquier ámbito de la vida. 
Asimismo, existe otro componente indispensable para entender la obra de P183: la pérdida de la inocencia. Sus trabajos aluden frecuentemente a la etapa de la infancia como elemento vital para el autoconocimiento y el afrontamiento del futuro. Gran parte de sus creaciones destilan perplejidad ante el mundo adulto, revelando cierta nostalgia por un pasado que no va a volver.

Tal vez fuera esta contraposición entre la vida adulta y el imaginario infantil la que le impulsó a diseñar y ejecutar una de sus obras más internacionales y con la que suscitó el interés mediático de periódicos como The Guardian o el Telegraph. El patio de un colegio moscovita fue el lugar escogido para plasmar unas enormes gafas que tomaban una farolas como patilla y que sirviéndose de la perspectiva se erigían en 3D a través de las ventanas del edificio.
Muy diferente era el objetivo que se escondía tras la gran tableta de chocolate de la marca Alenka que se apoyaba sobre una pared en ruinas. Creada sobre una gran losa de hormigón, la obra fue concebida como un final alternativo a la película The tale of Alenka 2005, enfrentando al espectador a la imposibilidad de consumir o comprar aquel popular producto soviético.  
El metro de Moscú también fue objeto de una de sus obras más subversivas al situar a unos ficticios antidisturbios tras sus puertas de acceso, pretendiendo de este modo que los usuarios empujaran e ignoraran estas figuras policiales. Otras intervenciones de fuerte contenido crítico  de P183 han ocupado puentes (Burn the bridges), cabinas telefónicas o solares abandonados, aunque también tuvo tiempo para brindar a los transeúntes mensajes de esperanza.  
Os dejo unas cuantas obras realizadas por el ya lamentablemente desaparecido artista a lo largo de su trayectoria. P183 hacía preguntas y ofrecía respuestas, solo tenéis que encontrarlas.

Burn the brigdes. Puente de Moscú.
Ahora nadie necesita permiso para dejar el mono. Calle en obras.
Who was all becomes anybody. Calle de Moscú.
Víspera de año nuevo. Moscú.
Podéis ver el making of de estas u otras obras de P183 en la lista de reproducción que Espacios Convergentes tiene en YouTube:
http://www.youtube.com/watch?v=XGVUFBmAV-0&list=PLBk5h5iEPVDdCnBhQsMh3TmAE05UWmZsO

Y por supuesto, quien se atreva con el ruso, no debería dejar de visitar la web y el blog del artista.
http://www.183art.ru/

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