Reflexiones del año 2019 de un escritor de bolsa, por Joan Anglada Salarich (@themoneyglory)

El día 1 de enero del año 2010 me encontraba en el ecuador de mi carrera en el sector bancario. Por supuesto, el primer fin de semana de aquella década me tocaba trabajar. Los festivos y algunos fines de semana se convertían en guardias pesadas que las pasaba revisando la contabilidad. Este calendario, como otras características de aquella vida profesional, hacían que las expectativas de seguir igual los próximos diez años eran muy poco claras. Como en otros ámbitos, el futuro 2020 era imprevisible.

Hace diez años la bolsa era un territorio arrasado por la última burbuja, donde muy pocos inversores se atrevían a entrar. Los ahorradores protegían hasta su último centavo ante propuestas arriesgadas. Había a quiénes lo único que les quedaba era una casa sobrevalorada sobre la que pesaba una hipoteca inmensa. Los únicos clientes que se acercaban a los bancos eran los “preferentistas”, que estaban enfadados por el sentimiento de estafa.

Estos clientes estrella, a los que habían vendido productos que no entendían, se presentaban físicamente en la central del banco. En la entrada, separados por una barrera, nos escupían a los trabajadores. Y yo les daba toda la razón. Pero hubiera preferido que los escupitajos se las llevara mi director, quien salía en coche por la parte de detrás.

Con este panorama, las acciones, la bolsa en general, todo activo financiero dejó de estar de moda y los sabios recomendaban “Esperar”.

Pero como dice la teoría: ir a contracorriente da beneficios. Y ese era el preciso momento para hacer lo contrario. Había acciones perjudicadas por la crisis, había que parecían apestadas. Y, la prensa de la que hablaré más adelante, se lo pasaba en grande con todo lo que olía a cadáver. Si el inversor no se escuchaba todos los consejos gratuitos, podía ganarse un buen sobresueldo.

Desde entonces, durante los últimos años, ha aumentado el número de sabios que han cambiado de opinión. Del tímido “Esperar” a “Comprar” con ganas. Las teorías también han cambiado. Si la escuela del análisis técnico nos llenó las librerías de manuales con gráficos, ahora lo hacen los gurús del value investing. Según estos, todo lo que encuentran tiene valor y, en cambio, el mercado no lo sabe apreciar. Solo ellos son los más listos de la sala.

Desde 2010 hasta ahora se han superado distintas tormentas que podríamos clasificar de “modas”. Y, en mi humilde opinión, se dejaron de analizar cuando perdieron todo el glamour. Ni la industria del fracking, las monedas electrónicas o, con menor magnitud el cigarrillo electrónico, podrían ser ahora protagonistas de portada.

La bolsa en general si que está de moda, y lo reflejan los índices. El americano Standard & Poor’s 500 suma aproximadamente un 30% anual.

El verano de 2013 me lo pasé mirando estos selectivos, día tras día, para hacer un resumen diario. Estaba cantado que dejaría el banco, y por eso cambié las finanzas por el periodismo. Después de un año de estudios, mi momento de gloria como escritor lo disfruté escribiendo noticias breves y análisis de bolsa por un diario impreso. Este experimento profesional funcionó a medias. Mientras que aprendí algunas peculiaridades de la redacción, los trucos más interesantes me sirvieron para mi perfil de inversor. No para hacer de periodista.

En un medio hay noticias y hay anuncios, y cuesta de distinguirlos. La promoción de un producto o la inauguración de una sucursal son actos de tapas y champán, pero sin relevancia informativa. Pero hay que decir que los periodistas les encanta ir. Lo tienen todo: hacen networking, comen y, aunque parezca mentira, trabajan. Por eso hablan maravillas de las grandes empresas que los invitan a fiestas, inauguraciones e, incluso, viajes pagados durante una semana.

Las pequeñas empresas, que juegan con desventaja, tienen que luchar contra las grandes y superar su propia fortuna. Hay medios de comunicación que no sólo cubren con poco acierto las empresas más modestas, sino que además les gusta ensañarse con las que les cuesta salir adelante. Por esta razón, cuando leemos la información, siempre está sesgada.

Actualmente trabajo analizando cotizadas de pequeña capitalización y mi opinión sobre los medios se ha confirmado con contundencia. Diez años han dado para mucho. Desde el punto de vista profesional, pensaba que dejaría las finanzas, pero sigo en el sector. Y contento de estar allí. Hace más de doce años que estrené una página que se titulaba absurdamente “The Money Glory”. Me ha dado trabajo, me ha dado alegrías y me ha enseñado cosas. Cada año pienso en abandonar este proyecto, pero vuelvo a renovar la suscripción del servidor y digo “un año más”.

Desde el punto de vista personal, he cambiado de ciudad, he ampliado el círculo de amigos y he encontrado nuevos hobbies. Para los que no lo sabíais, si os interesa, tengo un perfil de Instagram dónde cuelgo fotos de distintas recetas de cocina. En 2010 no tenía perfil, ni el Instagram estaba de moda. Entonces, ni el cambio climático era tendencia – el primo de Mariano lo desmentía -, ni Netflix era el canal de televisión alternativo y pensábamos que el veganismo era una nueva secta. Pero nos hemos acostumbrado e, incluso yo, he invertido en hamburguesas veganas (si, si, Beyond Burger). Si lo supiera Joan de hace 10 años, todavía estaría riendo!

Como siempre, a todas y todos los que me leéis desde hace muchos años, así como también a los que os acabáis de incorporar, os deseo una muy buena entrada de año y una feliz nueva década. Un abrazo!

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