Rajoy y el huevo Kinder, por @German_Temprano

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Si como presidente tiene poco futuro, como huevo Kinder no tendría ninguno. Sorpresas cero. Salvo, eso sí, que se tilde como tal que admita que con Bárcenas se equivocó. Sólo hubiera faltado que, como colofón a su discurso, le hubiera propuesto como embajador en Zurich al calor de su experiencia por tierras suizas. Por lo demás ni dimisiones ni responsabilidades directas ni elecciones ni perdones. Lo más preocupante no es la inutilidad de Rajoy para ejercer su cargo, ya demostrada antes de las mentiras y sospechas que le invalidan aún más, sino que, lejos de asumir esa incapacidad, se debe creer tan imprescindible para España que está a paso y medio de tenerse por un iluminado.

Ya apuntó maneras con su imitación lamentable del Rey Sol, ese ‘el estado soy yo’ y quien se mete conmigo se mete con él, pero hoy en el Senado se ha superado para regocijo y éxtasis de los suyos. Fuera de los suyos un erial de convencimiento. Los aplausos y los aullidos de la bancada del PP, que ya los hubiera querido el mismísimo Justin Bieber, son proporcionales a esa nefasta tendencia de agitar a los hooligans antes de responder con la verdad ante los ciudadanos. Demasiadas preguntas sin respuesta, demasiado análisis de texto de lo que hace o dice el jefe de la oposición, demasiados ‘fin de la cita’ de cara a la galería mientras en el aire enrarecido por un sistema democrático enfermo revoloteaban más interrogantes y las mismas o incluso más incertidumbres.

Y es un sistema democrático enfermo porque sólo así se puede calificar cuando, ni más ni menos que el jefe del Ejecutivo, pone el Parlamento soberano a la altura de un grano en el culo. Ya no es sólo que le moleste comparecer con lo bien que estaría ya hoy en Sanxenxo o alrededores leyendo el Marca sino que lo utiliza como altavoz de sus chulerías y sus insensateces. Quien considera una moción de censura, mecanismo reglado y perfectamente acorde al sistema, una amenaza o quien alardea de que, llegado el caso de su presentación, ni siquiera tendría obligación de acudir al Congreso es indigno de ocupar la alta responsabilidad que el resto padecemos. Quien, con una desvergüenza infinita, acusa al representante socialista de estar más preocupado que él por Bárcenas después de haberle mandado unos SMS delatores de su complicidad se descalifica por sí mismo.

No hay mayoría absoluta que oculte tan absoluto desprecio a quienes le han llevado hasta el poder y, por supuesto, a quienes no lo hicieron. Insultos incesantes a la inteligencia, patraña tras patraña, ocultación tras ocultación y ridículo tras ridículo se ha cimentado esta situación asfixiante e insostenible en la que, en nombre de la estabilidad incierta, se pide la total impunidad para actuaciones que, con independencia de lo que dicten los tribunales, menoscaban la esencia de la democracia. Claro que para Rajoy debe ser pasar cuanto antes un mal trago y esperar que, con los chapuzones de agosto, se olvide tanta ignominia. Lo malo es que igual no anda muy descaminado.

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