'Rafa, en el séptimo cielo', por @RodriguezPPedro

Nadal, con la copa de los Mosqueteros, y Djokovic, cariacontecido tras perder la final de Roland Garros
Nadal, con la copa de los Mosqueteros, y Djokovic, cariacontecido tras perder la final de Roland Garros (Fuente: FFT para Roland Garros)

‘Rafa, en el 7º cielo’, anunciaba una pancarta este lunes en la Philippe Chatrier. Justo en el clavo: séptimo era el título recién conquistado por Nadal en París, el que más en la historia, una vez derrotado al “mejor jugador del mundo” -en palabras del español- en cuatro sets (6-4, 6-3, 2-6 y 7-5); y solo en el cielo encontró el número dos al peor aliado de su contrario, el número uno, único capaz de arrebatarle una manga en todo el torneo. Con su séptimo Roland Garros Nadal rebasa al sueco Borg y despeja los supuestos: ya es, a sus 26 años, el mejor tenista de siempre sobre la superficie.

Cuatro décadas han tenido que pasar para que París diera un campeón el lunes. Y tres para derribar el muro de Borg. Pero en la segunda jornada de la final del ‘grande’ de la tierra batida las dudas se despejaron al tiempo que el sol, inédito durante el fin de semana, se abría entre las nubes.

 

Nadal se encaminó hacia la gloria al igualar un juego en contra en la cuarta manga nada más reanudarse el duelo, mientras el número uno, en su primera final parisina, se castigaba a raquetazo limpio en la cabeza y pedía respuestas a los suyos. Como en los dos primeros sets; siempre que la pelota relinchaba desbocada contra el suelo impulsada por el efecto del español. Imposible para Nole, a quien solo la lluvia, que paró el partido dos veces, la segunda hasta este mediodía, y a punto estuvo de hacerlo una tercera, le dio un respiro.

La lluvia apaga a Nadal e incendia a Djokovic

“¿Por qué no hemos parado hace una hora? ¡La pista estaba igual!”, recriminó Rafa Nadal a Stefan Franson, el responsable de la federación internacional de velar por el torneo, después de ganar su primer juego en el cuarto set (1-2) y tras perder ocho consecutivos (de tener ventaja en el tercer set a cederlo y perder un saque en el cuarto). Los paraguas inundaban el albero, la arcilla no escupía polvo y la bola, pesada, hinchada por el agua, ni corría ni rotaba sobre sí. En esas condiciones, el único que no rechistó fue el serbio: con 6-4, 6-3 y 2-0 abajo, aprovechó el milagro caído del cielo para abalanzarse sobre la pista, sumar la manga y un break en la siguiente (6-4, 6-3, 2-6 y 0-2) y meterse en la final. De ahí el enfado del mallorquín: la lluvia sofocó su tenis e incendió el de Djokovic, hasta que apagó ambos.

Hasta ese momento, lo nunca visto en los Nole-Nadal: 14 breaks, repartidos por igual; 97 puntos ganados cada uno, dobles faltas cruciales, dos veces más errores no forzados del balcánico (40 a 23) y, cómo no, puntos para la hemeroteca. El comienzo del encuentro fue similar al segundo set de la semifinal entre Djokovic y Federer, con tres juegos seguidos para cada bando hasta que en el séptimo Rafa rubricó el desempate definitivo. Mientras que en el siguiente set pudo verse al serbio más visceral, el que pierde la cabeza, el que abona su derrota (hizo astillas su banco de un palazo) con desmanes.

Luego vino la lluvia salvadora, ocho juegos consecutivos de Novak Djokovic y el parón. Y el lunes, con la tierra seca y la tensión en máximos, la historia, esa que el uno mundial pudo reescribir con los cuatro ‘grandes’ consecutivos por primera vez en la Era Abiertay 43 años después, pero que acabó certificando a Nadal como el sin par en los anales del tenis sobre arcilla. Para ello, el español devolvió el break nada más saltar a la arena, desquició al serbio, lo maniató al fondo de la pista y otra doble falta confirmó lo irremediable.

Djokovic se lamenta en un momento del cuarto setDjokovic se lamenta en un momento del cuarto set (Fuente: FFT para Roland Garros)

Con su séptimo Roland Garros, Rafael Nadal alcanza el medio centenar de títulos, 36 en tierra batida y 11 en torneos grandes, empatando en el cuarto puesto con Björn Borg y Rod Laver. La ascensión de Rafa al séptimo cielo.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*