¿Quién teme a Bárcenas?, por Javier Astasio


Resulta curioso que apenas unas horas después de conocerse las peticiones que hacen contra el ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, las partes personadas en el sumario que investiga la trama Gürtel, todas ellas por encima de los cuarenta años de prisión, el juez revise su situación, decretando para él la libertad a cambio de depositar una fianza de 200.000 euros, la retirada del pasaporte y la obligación de presentarse en el juzgado tres días a la semana.
Sin embargo, no hay que dejarse llevar por la suspicacia, porque, aunque cabe la seguridad de que el preso más famoso de Soto del Real va a ser condenado a una buena cantidad de años, lo cierto es que ya lleva cumplidos casi dos años de prisión preventiva y que ésta, salvo excepciones, no debe superar esos dos años y que el juez considera que el que fuera senador por Cantabria no tiene ya posibilidad de huir de la justicia ni de destruir pruebas. Más bien al contrario, parece que el juez, los distintos jueces que investigan las tramas del PP, han encontrado en Luis Bárcenas, animado por un claro espíritu de venganza, el mejor colaborador posible.
Lo cierto es que el reo, como todo buen contable que se precie de serlo, todo lo anotaba y se cuidaba de efectuar los cobros y los pagos con testigos o recibos y es de esperar que todo ese material de prueba, así como los elementos de presión sobre esos testigos aludidos los tenga a buen recaudo y listos para ser usados a conveniencia por quien ha demostrado hasta ahora la capacidad de estrategia y la sangre fría precisas para hacer temblar al que fuera su partido.
Bárcenas dejo claro ayer ante el juez encargado de otro de los negros asuntos del ex ministro Jaume Matas que lo suyo no eran las cuentas "legales" del PP, que estaban en manos de un contable, sino el manejo de una caja B, en la que entraban las "donaciones" de empresarios amigos -o interesados en tener trato de tales- a cambio y siempre según él, no directamente de favores, sino de ser puestos en contacto con quien pudiera atender sus peticiones.
Ahí demostró Bárcenas su habilidad, porque se "pintó" ante el juez y a sabiendas de que le escuchaba toda España como poco más que un recaudador que anotaba las entradas y salidas de dinero en esa caja B, sin asumir otra responsabilidad en las contraprestaciones recibidas por los donantes. Algo que no sentó nada bien a la secretaria general del partido,  estrategia de Dolores de Cospedal que insiste en la increíble estrategia de negar la existencia de esa caja B dentro del partido, atribuyéndosela al propio Bárcenas, algo increíble cuando se está hablando de decenas de millones de euros de los que más de cuarenta han aparecido en cuentas en Suiza en cuyos movimientos, curiosamente, tenían mucho que ver los antecesores de Bárcenas en la tesorería popular.
Quizá por ello, ayer, con la arrogancia que le caracteriza el ex tesorero reto al que fuera su partido a querellarse contra él por ese robo, a sabiendas de que el PP dará de nuevo la callada por respuesta, porque tiene poco que ganar y mucho que perder y de que la libertad de movimientos de que va a gozar ajora le va a permitir armar los artefactos mediáticos y judiciales que, si se ve más amenazado de lo que ya está, acabarán dinamitando lo que quede del PP en los próximos meses.
Quienes han usado y despreciado a Luis Bárcenas, arrojándole a un negro futuro de prisión no se han preocupado de calcular los riesgos, quizá porque, zafios como son, no le han creído capaz de guardar toda esa munición que, a partir de su excarcelación, va a disparar en los medios y los juzgados contra quienes le abandonaron, deberían estar preocupados. No hay nada peor que un animal herido y, como dijo ayer su hasta ahora abogado, diecinueve meses de prisión dan para pensar… y mucho.  De estar en su piel, yo estaría preocupado.


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