¿Quién da más?: no gastes tu dinero en ese almacén, por @tv_acida

 
Uno de los reclamos del espacio televisivo estadounidense ¿Quién Da Más? reza lo siguiente: «La serie que sigue a individuos oportunistas en busca de hacer su mayor fortuna en las subastas de depósitos». Al hilo de esto, y como bien explica la sabelotodo Wikipedia: «Cuando la renta no se paga en un depósito de almacenamiento durante tres meses en California, los contenidos se venden por un subastador como un solo lote de artículos. El programa sigue a los compradores profesionales que adquieren los contenidos basados sólo en una inspección de cinco minutos de lo que pueden ver desde la puerta cuando se abre». Si no habéis visto nunca Storage Wars, que es como se llama este invento de telerrealidad original de la cadena A&E Network, ya os podéis hacer una rápida idea; debéis añadirle, eso sí, ese sentido del espectáculo que tienen las productoras al otro lado del charco: personajes estereotipados a la par que cercanos, situaciones hilarantes –aunque los protagonistas se encuentren apostando por el más simplón contenido de un cochambroso almacén–, ritmo en el metraje y demás etcéteras mil veces vistos pero que, como bien sabemos, siguen funcionando a la perfección.

 

Dave Hester, Darrell y Brandon Sheets, Barry Weiss, junto con el matrimonio formado por Jarrod Schulz y Brandi Passante –tiene tela el apellido... ni puesto adrede, vamos– fueron los protagonistas en la versión inicial del programa, ya que Storage Wars terminaría estrenando también una reinterpretación de la idea base versado para la ocasión en los compradores de Texas. Ahora bien, no he sacado a la palestra ¿Quién Da Más? para hacer sangre de sus personajes, que buenos y cachondos momentos me han hecho pasar. Al que quiero retratar aquí es a ese segmento del público totalmente incauto, oportunista, sin dos dedos de frente para comprender que el trabajo real de Dave, Darrell, Barry o Jarrod tiene muchas pérdidas, muchas inversiones y muchos años de prueba-error a sus espaldas. Por qué digo esto, muy sencillo... En Estados Unidos se han dado casos de personas que han dejado sus trabajos, que se han despedido de sus oficinas o de sus empresas y han invertido lo poco que tenían en ponerse una pequeña tienda. Una vez hecho esto, han comenzado a asistir a estas subastas, fulminando a la postre los últimos fajos de billetes que les quedaban en la cuenta del banco. Resultado: se han dado la castaña padre, han terminado ojipláticos cual conejo al que le dan las largas y, cual colofón, se han dado cuenta de que tenían que vender todos sus bienes si al día siguiente querían tener un litro de leche para el desayuno de sus hijos.

 

Tal vez por ello, aprovechando uno de los especiales en Las Vegas que grabó el primer elenco, y en el que se desvelaban las adquisiciones más chorra o los momentos álgidos en el cara a cara con los subastadores, algunos de estos expertos compradores profesionales explicaban ante las cámaras que sus negocios y las ganancias de los mismos no habían llegado de la noche a la mañana, al igual que no se podía poner una tienda del tipo de la que ellos regentan sin tener, por lo menos los primeros años, otro empleo o algún ingreso extra que no dependa de estas subastas. El que avisa no es traidor.

 

por Sergio Guillén

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