Querido Alberto: mi bombo es mío, por Mar García Martinez-Albelda (@mar_y_tal)

Sé que no leerás estas líneas y tengo la certeza de que si lo haces no se removerá un ápice tu conciencia, esa que debe estar escondida en algún lugar –o eso quiero pensar-. Sé que no soy nadie, sólo una ciudadana más que cada día recibe tus agresiones. Y eso a ti te da igual, porque te crees legitimado por un sistema evidentemente corrupto y porque tu nómina debe pesar mucho más que tu compromiso político. Se supone que es lo segundo lo que te ha llevado a estar donde estás pero, querido, debo decirte que estás arruinando la vida de muchas personas. Aunque eso ya lo sabes, lo preocupante es que te da igual.
Con tu faceta de justiciero machista estás mermando mis derechos a golpe de Decreto. Derechos que muchas personas han defendido incluso con su vida. Y tú, desde tu púlpito, decides pisotear. Y decides hacerlo de la manera más déspota que hay. Decides hacerlo a golpes, de Decretos y de porras. De represión. Hace falta ser cobarde. Y poco cristiano.
Como decía, soy una ciudadana más. Una que no te votó. Intento llegar a final de mes con un trabajo que aborrezco y mal pagado. Y para tu desgracia, lo hago dignamente luchando por lo que es justo. Y a mí me legitima algo mucho más poderoso que a ti, me legitiman los principios, la igualdad, la justicia. Desde ya te digo que el compromiso que muchas hemos adquirido con nuestras vidas es mucho más fuerte toda tu basura. Es algo que nunca entenderás, pero está en los barrios, en las calles. Y te da tanto miedo que intentarás, por cualquier medio, exterminarlo. Pero ya ha empezado.
Tus ataques hacia la libertad de expresión sólo hacen que grite con más fuerza, tu machismo sólo hace crecer la fuerza en la respuesta feminista. Es cuestión de tiempo. Cuando el enemigo se quita la careta es mucho más sencillo identificarlo. Y eso has hecho. Muchas ya lo sabíamos, pero si a alguien le quedaban dudas, has dejado de ser el tipo simpático del PP, el centrado. Sólo te ha hecho falta un poco de poder para empezar a tapar tus complejos de inferioridad y machacar a toda persona que no piense como tú.
Y lo más desquiciante de todo es que te haces llamar “pro-vida” cuando es eso precisamente lo que no dejas de joder. Mi vida. ¿Qué pasa con los que ya hemos nacido? ¿Qué pasa con los que no vamos a tener en la vida una jubilación? ¿Qué pasa con los que nunca tendremos una vivienda? ¿Qué pasa con los que tenemos que ir de trabajo basura en trabajo basura? ¿Qué pasa con las que queremos decidir sobre nuestro cuerpo? ¿Qué pasa con las madres que se han quedado sin ayudas para sacar adelante a sus hijos dependientes? Que nos pegas. Eso pasa. Que, además, redactas una Ley de Seguridad Ciudadana –más perversión del lenguaje-, que me tapa la boca, que me criminaliza. Y toda esta mierda la disfrazas de democracia. Hablas de asegurar los derechos de los que no protestan, los derechos de los que no han nacido… Y te olvidas a conciencia del mundo real. Te olvidas de que si una mujer se queda embarazada y decide abortar, lo hará. Con o sin cobertura legal. Si una mujer decide ser madre lo hará, esté o no legalizado el aborto.
Y tus delirios machistas de grandeza traerán consecuencias, aunque tú nunca las verás. Porque si alguien de tu entorno decide interrumpir su embarazo podrá pagarse una intervención en Londres. Y aquí paz y después gloria. Pero la vida es otra, la realidad es otra.

Me despido por hoy, siento la falta de estructura del texto, pero espero que seas capaz de entender el mensaje. Básicamente mi cuerpo, mi rabia y mi derecho a protestar siguen y seguirán siendo míos. Ayer, hoy y siempre. 

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