‘Querer no es tener’, por Javier Astasio

 
 
 
Querer y tener, amar y poseer, son verbos distintos. En absoluto son sinónimos y, es más, apenas tienen nada que ver, por más que algunos estereotipos, repetidos machacona y casi obsesivamente, en el cine y la televisión se empeñen en inocularnos. Sin embargo, es evidente que esos mensajes siguen calando en la sociedad por más campañas que se hagan para combatirlos, como demuestra el estudio presentado ayer sobre la "Evolución de la adolescencia española sobre la igualdad y la prevención de la violencia de género", presentado ayer por el Gobierno.
Lo más preocupante es que, a pesar de todas las campañas que desde hace años tratan de combatir la violencia de género, los modelos de conducta que llevan a ella, no sólo se mantienen, sino que crecen entre quienes constituirán la sociedad del futuro, porque, según se ese estudio, nuestros adolescentes, pese a conocer la información sobre, reproducen los comportamientos que llevan a ella sin que, al menos así lo manifiestan, aparentemente sean conscientes de ello.
Lo más preocupante del estudio es que, al parecer, nuestros jóvenes y no tan jóvenes han encontrado en las nuevas tecnologías potentes instrumentos de dominación sobre sus parejas. Y es que tener siempre a mano un móvil que puede acabar convirtiendo al de la pareja en una pulsera electrónica  con la que controlar sus movimientos, lo mismo que tener en el móvil de esa pareja un registro de con quién, cuándo y por cuánto tiempo habla o se relaciona esa pareja es para gente inmadura un terrible instrumento de acoso y tortura.
Tenemos que enseñara a nuestros hijos que nadie es de nadie y que nadie se entrega ni debe entregarse incondicionalmente a nadie. Que los únicos dueños de cada uno de nosotros somos nosotros mismos y que a lo único que estamos obligados es a la responsabilidad propia y al respeto a los demás.
Pero el único modo de enseñárselo es practicándolo, respetando a nuestras parejas, respetando su libertad, dándoles nuestro amor y haciéndonos merecedores del suyo. Otra cosa es más propia de la ganadería que de una relación inteligente, porque, con los celos, y en el origen de esa obsesión del control no están los celos o acabarán llevando a ellos, con los celos, insisto, se sufre y se hace sufrir.
Tenemos que enseñar a nuestros hijos e hijas a no ser esclavos del móvil. A mantener relaciones ciertas y abiertas. A no encerrar sus vidas en una pantallita que puede llegar a convertirse en una obsesión y, sobre todo, a que querer no es tener, que amar no es poseer. Quizá así aprendan también a ser felices.
 
 
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