¿QUÉ VA A SER DE NOSOTROS?, por Javier Astasio


Para ser sincero, he de deciros que, cuando delante de un café y junto a un amigo abrí la pantalla de mi teléfono y me enteré de que Pablo Iglesias y los suyos habían ganado todo en Vistalegre, se me debió notar en la cara que no debió ser muy distinta de la que se paseó mi pobre Errejón durante todo el día de ayer.
No esperaba, la verdad, tal derrota del sentido común. Debe ser porque he vivido demasiado tiempo bajo el hechizo de la casta y me queda como secuela ese "horror vacui", ese miedo al vacío, que no me permite hallar una manera digna y eficaz de abordar los terribles problemas que nos acucian y, sobre todo, nos van a acuciar en un mundo deshumanizado y casi inhabitable.
Me inquieta sobremanera esa frase, a mi modo de ver desafortunada, que se acuñó en el primer Vistalegre y que ahora vuelve a repetirse machaconamente y que define al partido de Iglesias, desde ayer más de Iglesias que nunca, como una poderosa maquinaria de guerra electoral. Me inquieta, porque ganar o perder guerras es lo fácil, lo hacen continuamente los militares, lo difícil es gestionar la paz. Lo fácil es perder o ganar elecciones, lo realmente difícil es hacer rentables para los electores esos resultados.
Reconozco que me ilusioné con la posibilidad de que el realismo de Íñigo Errejón, que parece tener claro que hay vida y trabajo que hacer más allá delas urnas, se impusiese a la épica y la pirotecnia de Iglesias. Pero, claro, ni mis análisis ni mis deseos tienen por qué coincidir con los de la mayoría de los ciudadanos ni, mucho menos con los de los "inscritos" de Podemos. Así que lo que toca ahora es respirar hondo y cruzar los dedos para que esa unidad y esa humildad que predicaba ayer Iglesias se materialicen en algo más que palabras y no tengamos que asistir a otro lamentable espectáculo de laminación como el llevado a cabo por Ramón Espinar cuando, después de ganar las elecciones internas del partido en Madrid, se hizo con el control absoluto del partido en las instituciones y con tres cargos, inatendibles con eficacia, por otra parte, como si de otra María Dolores de Cospedal se tratara.
Y, hablando de Cospedal, en el congreso celebrado por el PP, no hubo sorpresas ni emoción. algo fácil de deducir de un partido triunfante y miedoso que, pase lo que pase, prefiere no moverse para no ponerse a tiro, delatando su posición. Por eso, apenas se habló de la corrupción que hoy les acogota en los tribunales, de la maternidad subrogada ni de nada que pudiese dar a entender que en el partido de los charranes existe la más mínima disidencia.
Por si fuera poco, la Susana Díaz dejó de ser por unas horas la presidenta andaluza, para aparecerse en carne mortal ante un florido grupo de alcaldes de su partido y despejar sin hacerlo del todo cualquier duda que hubiese sembrado su silencio sobre su intención de tomar a las claras y sin tapujos las riendas de su partido. Lo hizo con esa sinuosa manera de hablar de que hace gala elevando y bajando tonos y velocidades, reptando casi en su discurso y subrayando, como si no lo supiéramos ya, que los que le gusta es ganar,
De modo que, éste que acabamos de pasar ha sido un mal fin de semana para mí, porque ninguno de los resultados en juego, unos más esperados que otros, encajan en mi quiniela y me dejan un tanto desolad y desesperanzado, porque qué va a ser de nosotros si, entre un partido, el PSOE, que dice y sus militantes así lo creen, ser de izquierdas y el otro, el que pretende redimirnos desde la izquierda se abre una brecha, un foso, imposible de atravesar al menos en dos legislaturas. Por eso, desde la mayor de las desesperanzas, insisto en mi pregunta que, más que serlo, es una queja ¡qué va a ser de nosotros!

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