Que se aclaren, por Javier Astasio


Asisto estupefacto a la esquizofrenia de los socialistas respecto a Cataluña, una esquizofrenia que, en momentos tan difíciles como estos, no hace sino enturbiar su mensaje y restar credibilidad a quienes se esfuerzan en ofrecer un mensaje atractivo a quienes el próximo domingo veintisiete tienen una cita en las urnas, quizá la más trascendente de su vida, una cita en la que, con su voto, decidirá, no sólo el futuro de Cataluña, sino el de toda España.
Esquizofrenia e incoherencia, todo en uno, porque, no sólo se dan mensajes contradicciones desde las mismas siglas, como vienen haciendo Felipe González, reconociendo ahora a Cataluña como nación, mientras su secretario general, Pedro Sánchez, lo reduce todo a una ambigua y farisaica singularidad, sino que el propio González es  incoherente con todo lo dicho respecto a ella, concediéndole ahora la nacionalidad que hasta ahora le había negado.
Personalmente, yo, que confíe durante tres décadas en el PSOE, al principio con entusiasmo y, más tarde, con la resignación de los abducidos por el bipartidismo, creo ahora que los socialistas tienen mucha responsabilidad en el grave deterioro de la convivencia que ha llevado a los catalanes a una situación que, se resuelva como se resuelva, va a ser perjudicial para todos.
El problema de los socialistas ha sido, de un tiempo a esta parte, su falta de coraje, su mezquindad a la hora de pronunciarse desde Ferraz o de dejar que los socialistas catalanes se pronunciasen, para no poner en peligro su cosecha de votos en el resto del Estado. Esa mezquindad ha ido castrando la capacidad de análisis de la ejecutiva federal desde Madrid y la de casi todos sus votantes, al tiempo que capaba también su mensaje en Cataluña y el de su partido hermano, provocando deserciones en su seno y una debacle electoral, de la que tardarán años en recuperarse, si es que finalmente lo consiguen.
La mezquindad del PSOE, haciendo seguidismo de los populares en cuanto a su intransigencia frente a cualquier aspiración nacionalista y renunciando a su defensa del federalismo en esa terca defensa del inmovilismo a la hora de defender contra viento y marea la integridad de una constitución que se ha vuelto estrecha y asfixiante en demasiados asuntos. Una mezquindad, la del PSOE, que ellos, y nosotros mismos, estamos pagando y de qué manera. Por ejemplo, dejando el nacionalismo de izquierdas que, aunque contradictorio en sí mismo, existe, en manos de las fuerzas más radicales y dejando morir sin haber nacido la esperanza de abrir una vía federalista, con la que conseguir colmar las aspiraciones de una inmensa mayoría de los catalanes y, por qué no, del resto de los españoles.
Por eso me indigna la verborrea de algunos que parecen haber perdido, no sólo el pudor, sino la decencia a la hora de hacer declaraciones, como es el caso de Felipe González, "teme a los viejos, porque no tienen futuro" que decía un sabio,  ese "cogérsela con papel de fumar" de Pedro Sánchez que levanta la voz y grita a la hora de mitinear en Cataluña, pero reduce su propuesta para Cataluña a esa "singularidad" que recuerda a la "diversidad" que cacareaba el franquismo a la hora de hablar de sus "pueblos y regiones".
No me gusta la deriva de los socialistas y me temo que, una vez más, en Ferraz preocupa más no dañar la imagen de Sánchez como presidenciales que dar un mensaje verdaderamente esperanzador, proponiendo una salidas honrosa e inteligente para unos y otros. No. No me gusta esta situación y, porque creo que sus votantes se lo merecen,  me gustaría que se aclarasen.


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