Que dimita o que le cesen, por Javier Astasio

 
 

El ministro Wert se quejaba el otro día de haber recibido un "pisotazo" de una periodista. Curiosa queja, sobre todo viniendo de quien, desde que llegó a su despacho no ha hecho otra cosa que pisar callos, porque, no ha quedado ni uno a salvo, en todos y cada uno de los departamentos que dependen de su cartera. Y es que desde que llegó a su despacho se las arreglado y no sé como para enfrentarse con tirios y troyanos en todo aquello que ha tocado. A día de hoy, José Ignacio Wert tiene el más que curioso mérito de haber conseguido poner de acuerdo a toda la comunidad educativa, CONCAPA incluida, aunque, eso sí, en su contra.

A veces pienso que el ministro cree vivir todavía en una de esas tertulias de las que era tan habitual, en las que, por desgracia, lo que se premia no es la capacidad de consensuar y llegar a acuerdos, sino que, por el contrario, acaba por tener mayor caché el contertulio que provoca mayor enfrentamiento, porque, dicen, lo que prima es el espectáculo. Por si fuera poco, Wert, un tanto repelente y tan dado a las citas como a los desplantes, debe creerse todavía en un plató o un estudio de radio de los que, tras el enfrentamiento verbal, por más acalorado que fuese, se sale para tomar un café o una cerveza en la Gran Vía.

La reforma educativa, como tantas otras reformas emprendidas por este gobierno, pretende mantener, si no ensanchar, el foso que separa a quienes lo tienen todo de quienes necesitan de la redistribución de riqueza del Estado para alcanzar la justicia social y el bienestar a los que, según la Constitución, tiene derecho. Por decirlo de otro modo, todos y cada uno de los pasos dados por el ministro parecen encaminados a expulsar de institutos y universidades a quienes carezcan del pedigrí de una buena cuna. Es terrible, pero es así, después de más de tres décadas de democracia, Wert parece dispuesto a devolvernos a los tiempos del dictador en los que la educación era privilegio de unos pocos, al que, mediante concesiones tan humillantes como tener que pasar por el seminario accedían también los humildes.

Hoy debería haberse aprobado la reforma Wert, la octava de la democracia. Pero, definitivamente y un día después de la mayor huelga de la comunidad educativa en España y pese a que estaba en la agenda del mismo, tendrá que esperar. Toda una afrenta, por más que se quiera vestir de otra cosa, para este ministro gallito que, como los miura, el mismo lo dice, se crece en el castigo, que, si fuese menos superficial y más honrado debería pensar en dimitir, porque el cargo del viene grande. O, de no hacerlo, debería ser cesado para evitar que el deterioro del panorama educativo no vaya a más.

De la ciencia, cultura y el deporte que también caen bajo su influencia, ya habrá tempo de hablar, porque, me temo, también en unas y otro seguirá pisando callos.
 
 
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