Preocupación cero, por Javier Astasio

 
 

Cuando uno comprueba cómo se están comportando el PP y el Gobierno ante el chaparrón desatado por las más que interesadas -por ambas partes- confesiones de Luis Bárcenas al director del diario EL MUNDO, uno tiene no sabe si debe estar más preocupado que indignado o viceversa, porque ¡caray! se puede ser más torpe, pero hay que entrenar mucho.

La verdad es que todo lo que hemos visto "negro sobre blanco" en las últimas cuarenta y ocho horas no es muy distinto de lo que el sentido común nos permitía deducir de las actitudes de unos y otros en este asunto, porque ¿qué puede hacer que un partido y todo un presidente de gobierno no lleven ante los tribunales a quien tácitamente, sólo tácitamente, están acusando de meter la mano en las cuentas que le habían encomendado? ¿Qué puede hacer que ese partido y ese gobierno hayan estado bailando al son que les ha tocado el que hoy tachan de delincuente? Evidentemente la respuesta está en todo lo que ese delincuente al que un día permitieron ser senador sabe y puede probar de las cuentas del PP. Y parece que, saber, sabe mucho  y pruebas tiene de sobra.

Partido y Gobierno han jugado este partido al "cerrojazo", han puesto el autobús del silencio o el cinismo delante de la portería y han dejado pasar el tiempo a la espera de que un rápido contraataque sobre la portería contraria, el feo asunto de los ERE, por ejemplo, o el milagro ya imposible de una rápida recuperación de la economía, les permitiese cambiar el resultado que, hoy por hoy, les agobia.

El tiempo se ha agotado, los pelotazos sobre tan torpe defensa llueven de todos lados y nada ni nadie perece que pueda salvarles ya, porque, si estaban esperando un éxito electoral como el que desactivó políticamente el caso de los trajes de Camps en Valencia, pueden seguir esperando, pero que esperen sentados.

No sé si porque, como dice un amigo, ya les hemos visto el culo, pero lo cierto es que el Partido Popular, sus portavoces y todo los ministros que se han pronunciado sobre este asunto gozan ahora de credibilidad cero, especialmente personajes como María Dolores de Cospedal o Carlos Floriano, a los que les ha faltado hacer pedorretas a la prensa y, a través de ella, a los ciudadanos todos. Tal parece que no saben donde están, que el dandismo practicado por los cargos del partido, perfectamente engrasado con el contenido de esos sobres, el lujo en la muñeca, el trasero acostumbrado a sentarse a la mesa de los mejores restaurantes, los trajes de excelente corte, los agasajos de los fines de semana en "provincias", perfectamente filtrados y organizados, les han alejado de la calle y les ha llevado a pensar que el mundo es de papel prensa o que se puede estar a salvo de él detrás del cristal de una pantalla de televisión.

No se han dado cuenta de que ese paraíso artificial que construyeron sobre los cimientos de aquella Ley del Suelo de Aznar, cambiando naranjos, huertos y campos de cereal por bloques de pisos y chalés, ese ir y venir de audis y beemeuves, ese ir a las playas del Caribe, que les llevaron a dominar la práctica totalidad del mapa autonómico y a disponer, a través de sutiles o no tan sutiles colectas, de fondos como para monopolizar y dar forma a la opinión... no han caído en la cuenta, insisto, de que el decorado se ha venido abajo ni de que la gente ya no está dispuesta a pasarle ni una más.

Y eso que lo que le llega a la gente es la paja de habas, lo más burdo y lo más chusco. Eso a pesar de que nadie, quizá porque a nadie le interesa, le ha explicado a la gente que el oro o el caro acero de las muñecas,  el paño de los trajes o la factura de los hoteles y restaurantes sale de sus bolsillos, porque están incluidos en los costes de los contratos que se adjudican a quienes, previa o posteriormente a la firma, hacían suculentas donaciones a l partido. 

Pero, además, este escenario necesitaba de tramoyistas y de comparsas. De tramoyistas que, en los periódicos o en las tertulias de la tele o de la radio desplegasen o recogiesen en cada momento el forillo apropiado para la ocasión. De comparsas, que, como el PSOE, parecía adormilado en su rincón, lamiéndose las heridas de sus últimas derrotas, desconcertado y sin respuestas, a la espera, ellos también, de que ocurra el milagro que les salve.

Decía ayer el patán de Carlos Floriano que las últimas revelaciones del periódico de Pedro José Ramírez les preocupan cero. Hizo mal e n decirlo, porque esa preocupación cero, que es mucha en la ciudadanía, sólo demuestra la irresponsabilidad de quienes nos gobiernan, porque, esta vez, los muy torpes ni siquiera se han molestado en desmentir la veracidad de los SMS revelados por EL MUNDO.

Esta tarde, Rajoy tiene que comparecer ante la prensa junto a su colega polaco, de visita en Madrid, y no me quiero ni imaginar cuáles van a ser sus respuestas a las dos únicas preguntas que la prensa podrá formularle. Para entonces, Bárcenas ya habrá declarado ante el juez Ruz, esta vez desde la rabia que se cría en la cárcel y sin la más mínima confianza que alguien acuda en su ayuda. Luego, después de una cosa y la otra, Rajoy voverá de nuevo al armario en que se esconde en La Moncloa. Y los demás a buscar desesperadamente un trabajo que no hay o a quitarse el hambre a puñetazos.
 
 

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