Praga: 15 cosas que la hacen única + un viaje loco en moto, por @NabiaOrebia

Ha sido llegar a Brno y olvidarme por completo de mi mala suerte y mi viaje gafado. No me había bajado aún del autobús y ya estaba viendo a José, mi anfitrión, esperándome en la calle. La primera alegría ha sido verle después de casi dos años. A José le conocí en Albania, cuando fui a ayudar en el rodaje de un documental. Él nos ofreció su casa, su ayuda y su amistad, y desde entonces somos buenos amigos pese a que nos veamos de pascuas a ramos.

De momento he visto muy poquito de la ciudad, ya que llegué de noche, pero ya sé que Jose tiene una casa con unas vistas muy curiosas, al tejado de la iglesia que tiene enfrente de su edificio, y parece que se puede saltar desde la misma ventana de su habitación. También sé que hay una crepería donde se desayuna de muerte: he tomado un crêpe enooooorme con chocolate y coco espolvoreado. Como para volverse adicta.

Vistas de Brno desde la habitación de José

Y hoy, he hecho una locura que ya puedo decir que ha sido lo mejor del viaje: hemos ido en moto de Brno a Praga, la capital de la República Checa y de la región de Bohemia. Ensoñadora y mágica, también se la conoce como la ciudad de las cien torres o la ciudad dorada. Han sido 200 kilómetros fantásticos, a toda velocidad, rozando a veces los 160 km/h, con un día inmejorable, todo sol. Ha sido mi primera vez, nunca había viajado por carretera en moto. Al principio tenía un poco de miedo: por si me caía, por si me agobiaba estando sentada y callada tanto rato, por si me cansaba mucho y no podía sujetarme bien… pero ha sido una experiencia maravillosa: he pasado las dos horas disfrutando del silencio, viendo el paisaje, notando el viento en la cara, entusiasmándome con la velocidad… desde ahora quiero ser motera. Algún día lo haré realidad, tendré una moto y viajaré con ella por todo el mundo.

 

Servidora recién llegada a Praga. ¡Misión cumplida!

Y como desde que he llegado a Praga todo ha ido muy rápido (el tiempo pasa más deprisa cuando vas acompañada), aquí dejo algunos apuntes que me han gustado/sorprendido de esta ciudad tan preciosa:

1* ¡Hay cerveza de dos colores! Porque parece ser que aquí es habitual tomar jarras con la mitad de cerveza negra y la otra mitad rubia, así mezclado. Parece raruno, pero ¡está buena!

La cerveza de dos colores: rubia y tostada

2* Praga se disfruta más mirando hacia arriba: Triste pero cierto, ya que hay tantísimo turista que si miras a la altura de tus ojos, te agobias, solo hay gente. Pero alzando la mirada a las primeras plantas de los edificios del casco viejo, puedes encontrar muchas sorpresas. Aún así he conocido la Milla de Oro, el famoso reloj y su plaza, la torre de la pólvora…

3* Hay muchos españoles. A cada paso que doy escucho a algún turista hablar en castellano, y generalmente veo grupos de jubilados y marujas emocionadas con maridos cansados de tanta caminata.

Cosas que ves si miras hacia arriba: Pistolas

Cosas que ves si miras hacia arriba: Murales

Cosas que ves si miras hacia arriba: letreros barrocos

4* Se curran las tiendas: A diferencia de Budapest, donde los souvenirs son feos, aquí los checos se esmeran en ofrecer tentadores productos a los turistas. Hay tiendas monísimas, mucha artesanía hecha con gusto, como los pendientes y colgantes de metal pintado que he visto en el puente de Carlos. Praga no es apta para pobres.

Librería Shakespeare in Love

Tiendas con encanto

Pendientes de metal pintado. Souvenirs con clase

5* Hablando del puente de Carlos, me ha sorprendido la vidilla que tiene de día y de noche: siempre hay gente vendiendo cosas, tocando música, pintando caricaturas… nadie descansa aquí. Lo malo es que está atestado, este puente merece la pena verlo en invierno y de madrugada, cuando no haya nadie.

El señor del ukelele, en el puente de Carlos

Un mendigo con su perrete, también en el puente de Carlos

Una pintora inmortalizando a un turista

 

6* Aquí también está de moda lo de colgar candados por todas partes simbolizando el amor de una pareja.

Horror vacuii de candados

Candados de enamorados, estos estaban en el puente de Carlos

 

7* También hay muchas, muchísimas tiendas eróticas y muchos saltimbanquis callejeros de toda clase y condición.

Saltimbanquis y gente peculiar

8* La comida checa mola. ¡Ya la he probado en todo su esplendor! Goulash, sopa de tomate riquérrima, y unos filetes con salsas muy sabrosas servidos con algo parecido al pan de molde. Todo híper calórico y -obviamente- delicioso. Hemos ido a un restaurante llamado Gambrinus donde hemos compartido mesa con unos amigos de Jose, uno de ellos español, casualmente. El restaurante está decorado con pinturas de Mucha, que aquí es muy venerado.

La riquísima sopa de tomate y más ingredientes desconocidos

9* En Praga hay un muro dedicado a John Lennon donde la gente puede pintar lo que quiera mientras esté relacionado con él y con su obra. Su historia es muy curiosa y la contaré en un post aparte, me parece.

El muro de John Lennon

10* En Praga se hacen muchos mercadillos, y en este viaje me he topado con uno de comida mediterránea, llena de quesos, jamones, pan… me entró hambre otra vez.

Cosas que podían comprarse en el mercadillo de comida mediterránea

Dependientes del mercadillo mediterráneo

11* Hay que venir a esta ciudad en pareja. No sé si ha sido casualidad o que los checos son muy románticos, pero no dejo de encontrarme a parejitas besuqueándose en cada rincón. Según Jose, es que son así de tiernos.

Adolescentes in love <3

¡Cazados!

12* No todo es asfalto y casas. José me ha subido a un monte dentro de los jardines Petrín desde el que se ve toda la ciudad. El paseo es genial porque todo está rodeado de verde y árboles, es como ir por el campo pero con la ciudad a tus pies. No sé si es conocido, pero sí muy recomendable.

El parque de Petrín, arriba del todo

Vistas desde lo alto de los jardines de Petrín

13* Hay unas esculturas de bebés gigantes que resultan, cuanto menos, inquietantes.

Bebés que acechan…

14* Los checos se lo montan muy bien. Jose dice que este, al ser un pueblo muchas veces conquistado, ha aprendido a sacar mucho partido de su tiempo libre teniendo poco. En los dos años que mi amigo lleva viviendo aquí, se ha dado cuenta de que los checos se interesan por el baile, por el ocio al aire libre, el deporte, la música y la buena cerveza, que en este país es más barata que el agua.

Los checos se toman las cervezas a la orilla del río

Reuniones familiares y de amigos en la isla de Kampa

Dos checas con sus birras

Concierto de salsa al aire libre, en una calle cualquiera

Un trompetista en el mercadillo de comida mediterránea

 

La demostración la he tenido en la tarde noche de hoy: he ido a un festival montado en la pequeña isla de Kampa, que está en pleno río Moldava, muy cerca del puente de Carlos. Allí se ha montado un escenario sobre el agua donde han actuado grupos de música serbia.

Atardecer en Praga

El escenario al aire libre, antes del anochecer

El puente de Carlos, y los pedalos por el río Moldava

El escenario al aire libre y la catedral de St. Vitus al fondo

El puente de Carlos iluminado

La catedral de St. Vitus, dentro del Castillo de Praga

15* Praga es más espectacular, si cabe, cuando cae la noche. He podido hacer fotos de algunos edificios iluminados. El plan de última hora ha sido inmejorable: amigos simpáticos de Jose de todas partes del mundo, cerveza barata, buen clima, música al aire libre y fuegos artificiales sobre nuestras cabezas.

El teatro nacional, de noche

Fuegos artificiales para clausurar un día perfecto


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