Pleitos tengas..., por Javier Astasio

   
                      
 
Hablan de ese "pleitos tengas y los ganes, como una de las más terribles maldiciones que recoge el refranero. Y no me extraña, porque cualquier pleito, por sencillo y leve que parezca, supone siempre un desgaste, incluso para el que sale con bien del trance. Y, si eso les ocurre a los ciudadanos de a pie, imaginaos qué puede ocurrir con personajes relevantes, más si se trata de políticos. Pese a todo, no hay que olvidar que hay toda una fauna de personajes que ha hecho del territorio judicial su hábitat perfecto. Gente dispuesta a pleitear por todo, gente con tiempo y dinero para, como quien juega al póker sobrado de resto, sabe que hay que apostar, porque, antes o después, le llegará la racha.
Lo que está claro es que, si quien es llevado ante el juez es un político o un famoso, el morbo se multiplica y, lo que para cualquier ciudadano sería una sucesión de trámites interminables y de declaraciones, se convierte en un serial, una novela por entregas, que, a las redacciones, les permite prever el calendario de la actualidad, al tiempo que tenerla localizada geográficamente. Así, resulta curioso, que por ejemplo, hubiese toda una legión de redactores y cámaras desplegados junto al portal del domicilio de Luis Bárcenas, por si entraba o salía de él, con la única compensación para los hombres de a pie que allí estaban, de poder narrar si entraba o salía y si estaba contento o cabreado.
¿Qué harán, ahora que Bárcenas está en una celda de Soto del Real, me pregunto, esos centinelas, esos jóvenes periodistas? ¿Habrán trasladado sus reales a la entrada de la cárcel?
Hay jueces y abogados que controlan muy bien las interferencias de los medios de comunicación en los procedimientos en que están inmersos. Garzón lo descubrió pronto y, por ellos, apuntalaba en la prensa, mediante las correspondientes filtraciones, cada paso que daba en la instrucción, algo que, durante un tiempo le dio muy buen resultado, pero que, con el tiempo, acabó perdiendo eficacia, porque de entonces a acá todos hemos aprendido y las tácticas de Garzón, que incluso han sido perfeccionadas, están ya al alcance de casi todos.
Filtrar a la prensa amiga cada paso de la instrucción es sólo una parte del juego. Hay otra, sobre todo cuando se investiga a "presuntos" con cargo político o allegados, que es, como en el juego de las damas, dar los pasos justos para avanzar sin que el aforamiento de algún implicado le expulse del tablero. Lo hizo con habilidad Garzón, que investigó a conciencia los alrededores del, por entonces, senador Luis Bárcenas, sin llegar a tocarle, para que el caso no saltase al Tribunal Supremo, como le hubiese correspondido. Y lo acaba de hacer ayer la jueza Alaya, la que investiga el asunto de los ERE de Andalucía, que se ha cuidado muy bien de "ir" a por cualquier personaje aforado, para no perder el control sobre el sumario.
Autos espectaculares, con razón o sin ella, que interfieren en la vida política de este país y que, para nuestra desgracia, permiten marcar los tiempos y las consecuencias de sus decisiones. La trama Gürtel, ahora caso Bárcenas, al PP y el asunto de los ERE al PSOE andaluz, están alterando y lo están haciendo seriamente, la vida política de este país. Y, mientras, los tiempos se van extendiendo, los sumarios se destripan y novelan en crónicas y en tertulias. Y eso lleva a que la sociedad otorgue y quite razones y esas instrucciones se crucen con procesos electorales, en los que el público, como en un terrible "Gran Hermano", otorgue en las urnas  a diputados y concejales actas de inocencia.
La justicia, quién va a negarlo, es un derecho y es necesaria para la higiene de un país, pero debe ser más rápida y más discreta, porque, si no, ese "pleitos tengas y los ganes" se convierte en realidad.
 
 
 
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