Piedras contra nuestro propio tejado, por Jorge Gómez García (@xurxogg)

48 horas después del debut de España en la Eurocopa, sigo atónito. Y no por el resultado, sino por la incapacidad de comprender el vertedero de críticas y dudas que se han elevado sobre el combinado nacional en estos escasos dos días.

Las fechas previas al partido, la prensa se dedicó a especular sobre quién sería el delantero centro del equipo. Parecía que Torres y Negredo luchaban por el puesto, con un Llorente que en esta ocasión, partía con menos opciones. Pues bien, al final el “9” fue Cesc Fábregas. Del Bosque nos despistó a todos: dio pie a los debates sobre el punta con continuas probaturas y en el momento de la verdad sorprendió sacando un equipo sin hombre de referencia. Me apostaría el pellejo a que ni Prandelli contaba con esta variación táctica.


A la vista está que el experimento no salió bien. Italia fue mejor durante dos tercios de partido, en parte gracias a su presión y salida rápida, y en parte debido al monumental atasco español en el medio. El esquema despistó a los propios jugadores, que no fueron capaces de imponerse en ningún sector del campo al combinado azzurro.
Cuando Del Bosque dio entrada a un delantero puro como Torres, España mejoró. Al margen de que la actuación, o mejor dicho, la finalización de El Niñofue mejorable, La Roja creó más ocasiones en esos 20 minutos que en el resto del partido.

Por lo tanto, queda claro que Vicente se equivocó en su planteamiento inicial y que quizá estuvo lento a la hora de cambiarlo. Además, se le puede reprochar muchas otras cosas: la presencia en el once de un Arbeloa fallón, alinear juntos a dos futbolistas como Alonso y Busquets –en algunos partidos se contrarrestan el uno al otro- o sacar del campo a Silva cuando estaba siendo de los mejores.

No voy a ser hipócrita: yo tampoco estoy de acuerdo con muchas decisiones que se tomaron desde el banquillo. No me convence el resultado, ni mucho menos el juego desplegado. Pero lo que no se puede consentir es el aluvión de críticas y dudas que asedian desde el domingo a todo lo que tiene que ver con la selección. No entiendo a la prensa de este país, será el ansia de vender más periódicos que el resto lo que, en ocasiones, les lleva a hablar de tonterías. Un partido medio malo contra una tetracampeona del mundo como Italia –no les ganamos en partido oficial desde 1920- que se salda con un resultado relativamente bueno, y la opinión pública habla de decepción, mal partido, inferioridad… Pensaba que tras haber ganado una Eurocopa y un Mundial consecutivos tendríamos más confianza en la selección.

Por favor, dejemos trabajar tranquilos a nuestros hombres. Esos que hasta la fecha han demostrado en los momentos clave de lo que son capaces. Tienen crédito. Concedámoselo. Ganar otra vez la Eurocopa es algo dificilísimo. Hay que tener suerte en los momentos puntuales y además, ser el mejor. Porque el mejor busca más la suerte y a veces, aun siendo el mejor, no la encuentra. No es una combinación fácil, así que sólo nos queda seguir apoyando a nuestro combinado y, una vez acabe su participación en el torneo, analizar lo sucedido. Pero con un poco de perspectiva. Lo lógico sería no ganar otra vez. Nadie lo ha hecho. Así que no nos tiremos piedras contra nuestro propio tejado porque a lo mejor, eso puede conllevar romper una casa de color rojo y con una estrella en la fachada que, hasta el momento, era muy muy sólida.

[Xurxo Gómez G.]

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