Perplejidad, por Javier Astasio

 

Hoy seré tan breve como simple. Me voy a limitar a señalar mi perplejidad ante alguna de las noticias que puedo encontrar en la prensa.

La primera de ellas, cualquiera de las que hacen referencia a la llamada "Operación Emperador", la de los chinos. Centenares de millones de euros en billetes de 500, evadidos al fisco por la venta de toneladas de productos procedentes de China que nunca pagaron aranceles a su entrada en España, por no hablar de otras procedencias como la prostitución, el juego o las drogas. En este caso, mi perplejidad no es muy distinta de la de mi padre de ochenta y nueve años y cliente de algún que otro "chino" que, desde que supo de la irrupción de la Policía en el Polígono Cobo Calleja, no hace otra cosa que repetir "se venía venir, se venía venir".

No menos perplejidad me causa la noticia que a estas horas abre el digital de EL PAÍS y que da cuenta de un sesudo estudio del Banco Central Europeo, según el cual las agencias de calificaci´ñon de riesgos, las malditas Moody's, Standard & Poors o Fitch favorecen por sistema a sus mejores clientes ¿Tanto han tardado en darse cuenta? ¿No les bastaba con el ejemplo del tratamiento recibido por Lehman Brothers, causa original de esta catástrofe, con una nómina de directivos tan brillantes y decentes como nuestro ministro Luis de Guindos, de esas agencias? ¿No les bastaba con comprobar que hasta el último minuto estaban dando la más alta calificación ese banco pirata? No sé lo que ha costado el estudio, pero podía haberlo hecho un pastor desde el monte, pegado a su transistor, o en su tiempo libre.

Y qué me decís de nuestro ocurrente presidente que se descuelga ayer con una afirmación rayana en el insulto. Porque qué otra cosa es decir, después de que Europa le diese con la puerta del no en las narices del crédito virtual, que al fin y al cabo "40.000 euros no son tan importantes" ¡Hace falta ser mentecato! Atreverse a decir eso cuando preside un país en el que no se pagan los sueldos en colegios y hospitales, en el que se recortan salarios, servicios y derechos. Y en el que, por no ir más lejos, una comunidad autónoma, la más escandalosamente derrochona y de cuentas más oscuras, Valencia, se dispone a poner en la calle al 40% de sus funcionarios. A veces, cuando escucho a Rajoy, me pregunto en qué país estará haciéndose el chalé para cuando deje o le hagan dejar el gobierno, porque dudo que pueda hacerlo en España.

En fin, hay días en que es mejor no abrir el periódico para no sentirse completamente gilipollas.
 

 
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