Pelotazos, por Javier Astasio


Tal parece que, en España, algunos políticos sólo entienden un lenguaje: el de los pelotazos. Si la cosa va bien, de los pelotazos que entienden es de esos negocios redondos con que tantas y tan vergonzantes fortunas se han hecho, principalmente en el litoral levantino, pero no sólo en él, a base de tú compras, yo recalifico, ellos construyen, nosotros nos lo llevamos. El producto de esos pelotazos ha sido la fuente de poder para algunos que, a su vez, han creado las condiciones para nuevos pelotazos, más poder y, así, hasta el infinito.

El fruto de todos esos pelotazos ha dado lugar en España a todo un estilo de hacer política, en el que lo importante eran las apariencias y el dinero para crearlas. Dinero para tener contenta a una prensa que les regale el oído o dinero para crear las televisiones del autobombo. Dinero para obras públicas, para esos aeropuertos y autovías, si no inútiles, sí innecesarias, que benefician a esos amigos siempre dispuestos a echar una mano en las campañas electorales. Dinero para la propaganda que, de paso, se encarga a las mismas agencias que les harán "precio" cuando haya elecciones. Dinero para fiestas y ferias, dinero para "acontecimientos" deportivos, dinero para corridas de toros... dinero, en fin, para vender humo de colores, cuando en realidad, con esos pelotazos, lo que se estaba creando era un monstruo inútil con los pies de barro.

Ahora, una vez que se ha caído la tramoya, una vez que se ha disipado el humo de los fuegos de artificio, llega la hora de los otros pelotazos, los pelotazos que dan los antidisturbios a quienes no se resignan a pagar con su trabajo o su casa la fiesta de los otros. Pelotazos contra quienes, como los indignados del 15-M, osaron anticipar el diagnóstico a la banca. Pelotazos contra los mineros a los que, de repente, se deja sin mina ni trabajo, mientras se ceba con miles de millones de euros el filón agotado de la banca. Pelotazos contra los estudiantes y profesores que defienden la enseñanza pública, la única capaz de corregir el injusto desequilibrio social de este país. Pelotazos contra los trabajadores de la industria naval, a los que no se ha sabido dar una alternativa en décadas, Pelotazos contra los agricultores que tienen que vender por unos céntimos lo que, en el mercado, ve su precio multiplicado no sé cuántas veces. Pelotazos para pescadores sin caladeros. Pelotazos para el personal sanitario y de emergencias, el mejor valorado por esta sociedad que está despertando violentamente de su sueño. Pelotazos, pelotazos, pelotazos... pelotazos para todo aquel que no se conforme con la burda, injusta y cruel manera de administrar los malos tiempos que tienen estos señores que hicieron fortuna y gloria en los buenos, los de los otros pelotazos.

Y todo, porque, cuando ya es imposible mantener la ficción, cuando ya se ha acabado el dinero de aquellos otros pelotazos para tapar las bocas con promesas, la única respuesta, como acanbo de escucharle a un minero, son los pelotazos.


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