Patadas en la espinilla, por Javier Astasio



Siempre creí, porque así me lo enseñaron, que las cosas se pueden hacer bien, mal y peor. Sin embargo, a la vista del comportamiento de este gobierno, me he dado cuenta de que, además, las cosas pueden hacerse con mala idea.
No puede ser otra la causa de que el peor gobierno, el más impopular ya, que ha tenido España en sus años de democracia ponga el empeño que pone en perjudicar con la subida del IVA a determinados sectores -el de la cultura y los espectáculos, sin ir más lejos- que, si bien no aportarán una gran recaudación, sí suponen un castigo a quienes viven de ellos que, como músicos, actores y autores, tradicionalmente se han mostrado como progresistas y desde la primera Guerra del Golfo, en abierta exposición al Partido Popular.
Nadie en su sano juicio podía ni puede negar la gravedad de la crisis económica ni la de las medidas a tomar para salir de ella. Del mismo modo, nadie que actúe con honradez puede negar que todas las que está tomando el Gobierno persiguen el beneficio de unos pocos, sus amigos, aunque con ello se esté perjudicando a la mayoría de los ciudadanos. Y no sólo eso. Es evidente que la gente de Rajoy, la más ideologizada del PP, está aprovechando las circunstancias para tomar venganza de quienes considera sus enemigos. Y basta, para quien abrigue la más mínima duda al respecto, con recordar el "que se jodan" de la diputada Andrea Fabra para convertir esa duda en certeza.
Desde que han llegado al poder, allá donde han entrado lo han hecho "a sangre y fuego", poniendo por delante el estandarte de su fe y su ideología -si es que fuesen cosa distinta- y blandiendo la espada vengadora con que saldar viejas cuentas.
Es el caso de RTVE, donde los relevos son escandalosamente ideológicos y nada profesionales, a la búsqueda, sin duda, de "siseñores", tengan o no las patas verdes, más bien de alas azules, antes que la solvencia y neutralidad que debe exigirse a quienes trabajan parea el público desde lo público.
Lo digo tomando como ejemplo uno de ellos, el de Juan Ramón Lucas por Antonio Jiménez al frente de las mañanas de Radio 1. He sido compañero y "colega" de ambos y os aseguro que tanto la información como la audiencia saldrán perdiendo.
Es sólo un caso, pero, para mí, es un caso paradigmático que se puede extrapolar a cualquier otro campo de la administración. Es la letra pequeña de ese "trágala" que nos impone el PP desde la mayoría absoluta en mala hora le dimos. Son las patadas en la espinilla que en todo tumulto dan los cobardes a quienes consideran sus enemigos y que no se atreverían a dar en campo abierto. Unas patadas en la espinilla que los partidarios de la guerra preventiva aprovechan para imponer la semilla del miedo a quienes quedan para que, como dicen las madres asustadizas, no se signifiquen y dejen hacer a quienes acaban de llegar con una "misión" que cumplir,
Patadas en las espinillas que ya se han dado en RTVE, pero también en la Policía, en Hacienda y en la práctica totalidad de la Administración. Mientras tanto, el ministro de Economía que más caro le ha salido a España ahí sigue, sin la decencia necesaria para presentar su dimisión por el desaguisado causado en sólo seis meses. Aunque, ahora que lo pienso, quizá ande yo confundido y "la misión" de Luis de Guindos no sea la de servir al Estado al que representa, sino la de allanar el camino a sus viejos amigos de Goldman Sachs.


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