Participaciones ¿prefequé?, por Fernando Blázquez (@ferblazrom)

No contentos con entender qué narices es la prima de riesgo ahora resulta que le han salido competidoras y también tenemos que entender qué son. Unas de ellas son las participaciones preferentes, que bien podrían llamarse bonos ahí-te-busques-tú-la-vida  o bonos ahhhhhh-problema-tuyo-no-haberlos-comprado.

Para empezar, son herramientas que las entidades financieras (bancos, cajas o empresas de financiación [de esas tipo Cofidis, que roban legalmente]) utilizan para  conseguir dinero. Las herramientas para conseguir dinero suelen funcionar así: la entidad en cuestión te da un papel -porque no es más que un papel que, en sí mismo, no tiene valor-, al que llama bono, en el que se compromete a pagarte unos intereses cada equis tiempo y, al final, a devolverte el dinero que les prestaste. Hasta ahí la cosa no parece mala.

Lo que diferencia a unos de estos papeles de otros es la letra pequeña. Eso que en sus carteles de publicidad o en prensa casi ni ves, en radio ni escuchas y en televisión sabes que la hay porque pasa muy rápido en la parte inferior de la pantalla, pero eres incapaz de leer. En el caso de las participaciones preferentes la letra pequeña difiere un poco del funcionamiento general de los bonos: dice que estas son perpetuas (no tienen un plazo: 3, 6, 12 meses… 10 años) y no se pagan intereses si la entidad que las emite ha tenido pérdidas.

Lo primero que uno se pregunta es: si no tienen un plazo, ¿cómo recupero mi dinero y cuándo? Pues vendiéndolo en lo que se conoce como mercados secundarios, que es como vender algo a través de internet, pero algo más centralizado. El caso es: ¿y quién me va a comprar a mí participaciones de una empresa que no da beneficios? Ahhhhhhhhh… migo. Ahí está la gracia. Del mismo modo que, cuando las cosas van bien, las preferentes dan más dinero que los depósitos normales, cuando vienen mal dadas es difícil venderlas. O incluso perder parte del dinero invertido. Por detrás siempre planea nuestro amigo el riesgo y el cuento es el de siempre: a mayor riesgo, mayor rentabilidad, pero mayor riesgo (que es la parte que suele olvidarse). Y, a mayores, si la empresa quiebra, los propietarios de preferentes sólo tienen preferencia sobre los accionistas (acciones o participaciones preferentes), pero todos los demás cobrarán (si lo hacen) antes que ellos.

Está claro que en este país ha habido un fraude y un engaño masivo a gente incluso analfabeta. Pero también tenemos la mala costumbre de firmar sin leer -analfabetos aparte- y nos pinta. Por imbéciles.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*