Parque temático, por Gabriel Merino

Lo malo de haber sido durante tanto tiempo un país donde los tenderos iban de empresarios, los bancarios de banqueros, los hijos de papá de emprendedores, los daosporbul de primeros actores o tertulianos intelectuales, los contables de manguito de brokers sólo por andar trasteando en esa blackberry como si les fuera la vida, los oficinistas de puente aéreo de altos ejecutivos,  las putillas de medio pelo de acompañantes, escorts o misses,  los fontaneros de ingenieros de obras hidráulicas, las peluqueras de estilistas que viajaban a las fashion week de Nueva York , los cotillas de tercera de asesores, los cocinillas de chefs y los camareros de alcaldes de Marbella es, básicamente,  que al final se lo creyeron.

 

En ese tiempo hubo golf, cohíbas, lunas de miel en Seychelles o Mauricio, hipotecas a 150 años, restaurantes de guía Michelín, visaoros y visaplatinos, drogas de diseño, palco en el Bernabéu, quincenas en Sotogrande y el barco aparcado al lao del Aifos o el Bribón, como si todos nos hubiéramos casado con una infanta.  O para los más horteras, destroyers y futboleros, fue como si tuvieras un reservado permanentemente esperándote en el Buddah, justo enfrente de donde paraban Beckham y Guti.

 

¿Qué te ponías malito o de parto?. A la Teknon o a la Ruber. O a Houston. Que no te vieran en la entrada de La Paz o el Gregorio, como un gitano. ¿Cole para los niños?. De corbatita y de falda tableada, ¡qué menos!. ¿Vacaciones? Más lejos que el vecino, y a un sitio con nombre más exótico. ¿Coche? 4X4 o descapotable, si es posible los dos y con plaza de garaje, en casa y en el trabajo. ¿Metro? Ni harto de whisky. Y si hablamos de whisky, claro, que fuera Chivas 15. ¿Lo público?: ¡puaj, caca!

 

Claro que esa emergente mayoría de engañados ni tenían fondo ni madera ni, en muchos casos, clase ni background ni intereses ni cultura ni ideología ni I+D.  Ni excelencia, como dice ese concepto tan de “Madrid, la suma de todos”. Así que a la primera toba, iban a la mierda. Y así ha sido. Como en los parques temáticos, detrás de esas fachadas de cartón piedra de nuestra opulenta Main Street ni había casas decimonónicas ni palacios ni serrallos. Sólo cajeros automáticos ávidos de tu saldo y tiendas. Y resulta que ahora, aunque tuvieras a los niños en el cole concertado y llenar el depósito de tu tanque o tu Hummer te cueste 120 euros, eres un tio de barrio tan en paro como los otros, aunque hayas votado toda la vida religiosamente a la condesa. Así que, una vez traspasas la puerta de cartón piedra del paraíso en que creías vivir, sólo te van a inducir ya a que te gastes lo que ya no tienes o a que lo pierdas todo.  Puro casino. Y por más que tuvieras sintonizada en la TDT a esos gurús de la apertura de la bolsa, te das cuenta –tarde- que ahora te comes una mierda y que los que se llevan el gato al agua de verdad son los de Lehman, la del euro y algunos duques. Vamos, los de siempre.

 

Doctrina del parque temático: a falta de verdaderos emprendedores, productores, ideas –que al final, no los hemos tenido nunca, porque los de verdad se iban espantados- pues vamos a vender el solar por las patas. Y a los lugareños, de braceros. De lo que se trata ahora es de convertir esto en lugar de veraneo del hooligan adolescente británico, el reposo del jubilado alemán, la casa de putas y el parque de atracciones -con casino del Adelson de o no- del continente. Igual que  era la Cuba de Batista en los 50 para los EE.UU, pero organizado por Goldman, Draghi, Merkel & Guindos, y pagando en euros.

 

Lo que no me explico es cómo durante todos estos años te has creido que tú también eras dueño de este parque temático. ¡Si no lo es ni ése que has votado ahora para que mande y que ahora no se atreve ni a abrir la boca!

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*