Panem et circenses, por Javier Astasio



¡Pan y circo! Esa parece hoy la fórmula, si no para salir del agujero en el que estamos, sí para olvidarnos de él. Lo sabe muy bien el presidente Houdini, ese escapista que nos hemos dado los españoles, en realidad nos lo dieron todos los que le creyeron, aunque hoy se hayan arrepentido de haberlo hecho, y quienes, llenos de buena voluntad, negaron su voto a la alternativa inmediata. Lo sabe muy bien el mago Rajoy, poco dado a dejarse ver cuando llueven piedras y encantado de mostrarse en los palcos de los estadios celebrando el vistoso humo de los éxitos deportivos, pese a que ese humo no dé de comer, no pague hipotecas ni cree puestos de trabajo.
Lo sabe muy bien Rajoy, pese a que le encanta envolverse en él, y lo sabe muy bien Vicente Del Bosque, ese entrenador que el cursi de Florentino Pérez echó del Real Madrid por falta de glamour, olvidando y pretendiendo que olvidemos que lo que se perdigue en el deporte es competir y ganar. Lo sabe muy bien Del Bosque que, enseguida, se desmarcó de aquella invocación rajoyniana para que los seleccionados del fútbol dieran a este país las alegrías que él es incapaz de proporcionarnos. Lo sabe muy bien y por eso contestó sabiamente al presidente diciendo que “Ganar la Eurocopa no soluciona los problemas de España".
Sin embargo, basta con encender una radio, una tele o abrir un periódico para comprobar el poco caso que hacen al sabio entrenador salmantino. A veces el entusiasmo, interesado, por supuesto, lleva a algunas multinacionales a vender su refresco envuelto en fanfarrias de gloria y la autoestima que parece faltarnos en momentos de desfallecimiento, reforzando la idea de que somos listos, eficaces y solidarios, frente a la etiqueta de "pigs" que nos han colgado en Europa.
Las de Rajoy y Del Bosque son dos personalidades enfrentadas. Son como el agua y el aceite que se repelen. Del Bosque es trabajo y sabiduría, unido a ese difícil arte de dar confianza a quienes están por debajo, exigiéndoles con serenidad nada que esté más lejos de lo que él mismo está dispuesto a exigirse a sí mismo. Del Bosque es lo más alejado que conozco del triunfalismo y, curiosamente, es el responsable del mayor triunfo conseguido nunca por el fútbol español. Rajoy, por el contrario, es la fanfarronería personalizada, la falta de método, la ausencia de rumbo, la improvisación y el desprecio más absoluto hacia los ciudadanos a quienes se debe y en quienes únicamente debería estar pensando las pocas veces que actúa.
Por extraño que parezca -es ironía, claro- nos jugamos más en la cumbre europea que arranca hoy de lo que se jugó la selección española anoche en Donetsk o de lo que se jugará el domingo en Kiev. Sin embargo, si nos dejamos llevar por la ola adormecedora del "panem et circenses", podemos llegar a pensar que, con ganar de nuevo la Eurocopa, volveremos a ser aquellos felices ciudadanos de hace sólo dos años.
Cuánto darían los españoles, al menos yo, porque su presidente fuese de la misma madera y tan decente como lo es Vicente Del  Bosque


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