Pablo Iglesias, “el coletas” ilustrado, por Míriam Martín (@MiriMartin_)

Pablo Iglesias Turrión (Madrid, 1978) es el chico de moda. No hay medio de comunicación que, a estas alturas, y para bien o para mal, no se haya hecho eco del fenómeno que lidera este joven profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense. De las aulas a la calle (estuvo vinculado al movimiento 15-M) y de la calle al Parlamento Europeo en cuestión de meses. Una hoja de ruta trazada con innegable inteligencia, una maratón discurrida por plazas y redes sociales, recorrida en tiempo récord gracias a notables dotes comunicativas, audacia y determinación. Ésas son las claves de una estrategia infalible que se traduce en un impresionante resultado: los cinco escaños logrados por Podemos en las pasadas elecciones del 25 de mayo.

 

Pablo Iglesias, en el centro de la imagen, juntos a sus compañeros de Podemos

Pablo Iglesias, en el centro de la imagen, juntos a sus compañeros de Podemos.

 

Pablo Iglesias es el más listo de la clase, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta su extenso y pasmoso currículum. Ha sabido conectar con millones de personas, a quienes ha transmitido, con concisión, el mensaje que deseaban escuchar. Ha insuflado ilusión y esperanza a una masa social hastiada. Ha despertado el interés de propios y extraños (jóvenes y no tan jóvenes), pues no sólo ha convencido a sectores de la izquierda en la que abiertamente se sitúa… De momento, ha cautivado a dos millones y medio de españoles que le han correspondido en forma de voto porque le admiran y parece ser que le necesitan. Un electorado que no sólo le ha convertido en estrella política, sino también, y como era previsible, mediática. Ya se le compara con Belén Esteban, pero lo suyo ha sido algo más que “llegar y besar el santo”.

 

El polifacético Pablo Iglesias, que también cuenta con formación y experiencia profesional en el ámbito de la comunicación audiovisual, se mueve como pez en el agua en cualquier plató de televisión. Desde 2013 dirige y presenta dos tertulias políticas que se emiten en plataformas digitales: La Tuerka (PúblicoTV) y Fort Apache (HispanTV). Sus editoriales suelen ser contundentes y vienen a confirmar su soltura ante las cámaras, así como su manejo de la retórica y la oratoria. Es en sus frecuentes intervenciones en programas como LA SEXTA Noche o Las Mañanas de CUATRO, donde participa como contertulio, consolida su talento televisivo, sobre todo ahora que los objetivos le persiguen.

 

En estos escenarios, suele aparecer vestido de forma sencilla y luciendo su larga cabellera pelirroja recogida en su característica coleta. Normalmente le acompañan su tableta (es adicto a las hemerotecas, a los datos), un bloc de notas y un bolígrafo (practica la escucha activa). Pero, su gran aliada es la dialéctica. Sí, también domina el arte de la discusión, y menos mal, porque tiende a adentrarse en territorios hostiles para él, como lo son Interecomía TV y 13 TV. Cualquier oportunidad le parece buena para defender sus ideales y llegar a la gente, aunque ello suponga un “enfrentamiento”. Destaca, por ejemplo, el memorable rifirrafe con el intransigente Federico Jiménez Losantos en el programa El Gato al Agua.

 

Su osadía y ese afán suyo por tumbar el Régimen y regenerar la democracia española, dando mayor protagonismo a la ciudadanía, ya le han reportado al del Puente de Vallecas una serie de detractores. Se trata de personalidades vinculadas a la derecha que, con el ascenso de Podemos y la consiguiente fama de su cabeza de lista (las encuestas sitúan a esta formación como tercera fuerza política en las próximas elecciones generales), ven peligrar sus intereses seriamente. El director de El Periodista Digital, Alfonso Rojo, libra una batalla a muerte contra Iglesias. Por su parte, El Mundo ha puesto a su subdirector, Eduardo Inda, al acecho. Y el ABC tampoco se mantiene al margen. Pero quizás ha sido el director de La Razón, Francisco Marhuenda, quien ha acuñado el concepto clave: “el coletas”.

 

 

Y es que  la campaña de acoso y derribo contra “el coletas” debe centrarse, básicamente, en  crititcar su imagen y su estilo de vida. De Pablo Iglesias se dice que es un “pro-etarra”, un “antisistema”, un “radical”, un “chavista” e, incluso, un “asesino”. Pero lo más grave es que compra ropa barata en Alcampo pero bien que utiliza un artículo de lujo como el iPhone, ¡qué barbaridad! Sin embargo, de momento y al contrario que la gran mayoría de sus “colegas”, va a mantener  sus «hábitos ‘low cost’ durante sus estancias en Bruselas. Y, por si fuera poco, ha limitado el sueldo que recibirá en concepto de eurodiputado a 3.000 euros mensuales. “Populista”, también es un populista, tal y como recuerdan constantemente Soraya Sáenz de Santamaría, Dolores de Cospedal, Rosa Díez y “otras políticas del montón”.

 

Comunicación y Política van de la mano, y, para desgracia de muchos, Pablo Iglesias domina ambas disciplinas. Julio Anguita es uno de sus referentes, estilo combativo que también queda patente en sus mítines, en sus conferencias y, como no, en su primer discurso en la eurocámara. Independientemente de si uno simpatiza o no con los postulados que defiende, sus intervenciones públicas suelen resultar interesantes y generan mucha expectación. A modo de ejemplo, destaca su reciente (y polémica) participación en el Fórum Europa, celebrada en el Hotel Ritz de Madrid.

 

Normalmente pronuncia sus discursos de forma sosegada, con buena dicción, midiendo la voz y el ritmo, atrayendo e invitando a escucharle, aunque se discrepe. También tiene el don de convertir sus comparecencias en auténticas lecciones, no ya de política, sino de educación. Porque si algo le caracteriza, sobre todo en las tertulias y los debates en los que participa, es que sabe esperar su turno de palabra. Con el ceño fruncido y la mirada desafiante, sí, pero adelantándose para que su respuesta por alusiones sea clara y esté repleta de contraargumentos. No obstante, padece de un tic: la repetición continuada de la palabra ‘casta’. Empleada seguramente de forma estratégica, cansa al oyente, por lo que un orador como Iglesias debería recurrir a sinónimos o metáforas si lo prefiere para enriquecer, más si cabe, sus discursos.

 

Pablo Iglesias en una de sus intervenciones en El Gato al Agua (Intereconomía TV).

Pablo Iglesias en una de sus intervenciones en El Gato al Agua (Intereconomía TV).

 

Sea como sea, los resultados obtenidos por Podemos en las elecciones europeas han supuesto un punto de inflexión en la vida política del país. O un terremoto, porque la dimisión del secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, y la histórica abdicación del rey Juan Carlos I justo después de esos comicios son, cuanto menos, sintomáticas del crítico estado de “la casta”. Ha nacido una estrella que, entre otras cosas, da crédito al refrán de “las apariencias engañan”. “El coletas” que muchos tacharían de ni-ni, sabe lo que dice y sabe lo que quiere. Resulta que no es el fracasado que muchos quisieran, sino un joven ilustrado que ha llamado la atención incluso al otro lado del charco. En un análisis de su figura, The New York Times se ha animado hasta el extremo de compararlo con Barack Obama. Salvando las distancias, y a pesar de que comparten cierta aura mesiánica, Pablo Iglesias parece más sencillo, más adecuado a nuestra esperpéntica realidad… Muy ilustrativa al respecto, por cierto, la parodia de Joaquín Reyes en El Intermedio.

 

Probablemente, famosos estilistas hayan contactado con Iglesias para proponerle un morboso cambio de look. De momento, él sigue fiel a su coleta y a su asequible vestimenta. Pero, ¿y si finalmente cede antes las “presiones”? ¿Es concebible un Pablo Iglesias sin melena o vestido de Adolfo Domínguez? Ese aire heavy –que tanto difiere de la altivez de los representantes de “la casta”- es el que levanta ciertas pasiones más allá de los entornos perrofláuticos. Y eso es lo que incomoda allí arriba: el éxito imprevisto de una mezcla entre unas formas políticamente incorrectas (su estética si un caso) y un fondo políticamente insólito (cultura, capacidades, compromiso, etc.).

 

Pablo Iglesias en una de sus mítines.

Pablo Iglesias en uno de sus mítines.

 

 

 

*Texto: Míriam Martín, @MiriMatin_

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