Ovejas con nombres y apellidos, por Alberto Calero (@acaleroj)

Una  llamada, una carta o un SMS automático. Cada empresa utiliza su forma de contacto. Te convocan para una cita a ciegas porque les ha llegado tu currículo. Probablemente ni lo han mirado. Te dicen que les interesa tu perfil pero eso se lo aseguran a todos. Antes te lo creías pero después de tanto buscar trabajo ya te conoces la historia. Cuantas más personas (o números para ellos) acudan a la “reunión” será mejor. Ni siquiera te explican bien si se trata de una entrevista personal o colectiva. No te dicen en concreto a qué vas pero sí te advierten de que lleves ese CV que ya tienen. Llegas a la cita el día y a la hora que te habían dicho. Llegas con ganas porque estás deseando trabajar y ser el elegido. En ese momento te conviertes en una oveja. Una oveja más entre el rebaño. No estás tú solo. Te acompañan decenas de personas en tu misma situación. Tú vas a una hora con un grupo de unas cuarenta personas. Antes ha habido otro grupo idéntico y después hay otro. Y hay más. Hay más de cien personas en total. Sólo hay un puesto. En teoría sólo hay uno aunque quizás ya esté cubierto. Eres un mero número y el de lado es otro. Es una situación real. Muchos la estamos viviendo. Somos ovejas a las que nos han sellado en la piel el maldito número.

Entras en la sala habilitada junto con los que son tus “rivales”. Cada uno tiene detrás una historia. Uno necesita trabajar más que otro. Uno necesita más el dinero. Otro tiene un hijo al que darle de comer cada día. El que se sienta contigo debe pagar cada mes una hipoteca. Otros sólo piden una experiencia más. Para otros es vital un puesto que ni siquiera sabemos si existe. Cada uno dejamos nuestro currículo encima de una mesa. Y las hojas de papel se amontonan entre carpetas. Esperamos que, al menos, reciclen después. Todos estamos sentados. Atentos al pastor. O a los pastores que nos ha dirigido para colocarnos. Las condiciones del puesto te las dirán  luego si es que tú las preguntas. Unos tienen miedo a preguntar. Miedo a preguntar lo que debes saber, los datos que tienes que conocer. Los ruegos y cuestiones llegan después. Primero hay que “vender” la empresa.

Delante de tuyo están los responsables de los departamentos de RRHH o similares. Te ponen un vídeo corporativo. Es auténtico anuncio de publicidad. Es lo mismo que puedes ver en la televisión pero no dura segundos sino varios minutos. Te entera de cómo nació la empresa, de dónde viene, quién la creó, cuántos trabajadores hay en sus instalaciones, cuántas sedes y demás datos. Te dicen que existe un seguro médico para trabajadores y te hablan del convenio que tienen con la compañía sanitaria. Nombran hasta con qué banco suelen estar domiciliadas las nóminas de los empleados. Y explican cuál es el objetivo de la empresa y qué pretenden. Te cuentan sus expectativas a corto y medio plazo y las posibilidades de expansión nacional o internacional. Y así durante aproximadamente media hora. No se puede preguntar mucho porque ya se ha pasado la hora. En la puerta está esperando otro grupo y luego entrará otro. Las más de cien personas que entramos sin conocer a una empresa ya podemos hablar de ella. Ya conocemos una empresa. ¿Por qué todas estas explicaciones antes de ser seleccionado? Sólo hay un puesto y todavía no es seguro que se vaya a cubrir.  La empresa ha hecho gratuitamente una verdadera campaña publicitaria, una gran estrategia de marketing. Y tú te vuelves a casa. Ya estás sólo. Ya no estás con el rebaño. En tu subconsciente ya tienes el funcionamiento de la empresa. Y te sientes tonto. Los listos ya han hecho caja.

[Sólo pides que ya nadie más te tome por tonto. Tu petición no se cumple al encender la televisión y ver el cinismo del político. Ese político que no conoce la realidad. Ése que está acompañado por el periodista o tertuliano palmero de turno. No saben qué te pasa, no saben que en el mundo real eres una oveja. Y se te ríen en la cara. Te enfadas. No te puedes controlar. Es rabia e impotencia. Es dolor. Son demasiadas sensaciones. Que tengan cuidado porque en la vida hay ovejas que protestan, gritan y no se callan. Ovejas que no se rinden y que sobreviven].

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