Otro punto de vista, por @RocioSanar

Planeaba mi vuelta a la actividad bloggera precisamente esta semana, aunque, sinceramente, no de esta manera. De hecho, ya tenía tema para el post y poco tiene que ver con la que es, desde el lunes, la “noticia del día”: las dos explosiones en Boston durante la maratón.

Casi dos días después, aún se desconoce quién está detrás de los hechos y, obviamente, el por qué. Sólo que fueron dos únicos explosivos (se habla de dos ollas exprés con metralla), muchas pesquisas, testigos, ningún detenido, más 160 heridos a esta hora, tres fallecidos, miles de fotografías y vídeos, una gran psicosis e histeria colectiva por la seguridad… y una gran conmoción latente no sólo en medios de comunicación (entiéndase como “convencionales”) mundiales sino en los medios sociales, en los que se encuentra al respecto multitud de contenido relevante y, sobre todo, opiniones. Es precisamente el impacto que se ha generado en torno a la noticia en el mundo del social media sobre el que pretendo hacer mi valoración personal en este post. ¿Por qué? Varias razones me han impulsado a ponerme de nuevo frente al ordenador (aunque como ya comenté al principio, era ya una decisión casi irrevocable) y abrir mi sitio en WordPress. Principalmente, porque fue a través de una red social, Twitter, por la que me enteré de lo sucedido, mucho antes de que Mónica Carrillo (sí, en mi casa se ve el informativo de Antena 3… ¿por qué? Costumbre, no hay más) lo anunciase, leyendo incluso el teletipo o lo que fuese lo que le entregaran en un papel, como información de última hora. ¿Somos conscientes de la viralidad de lo que se publica en medios como Twitter, es decir, el alcance y difusión que tiene TODA la información, sin excepción, que compartimos? Y recordemos, cuanto más morbosa y escabrosa sea (ojo, no siempre el contenido que consigue ser Trending Topic (a partir de ahora, y por el tema de ahorrar en la escritura de esta humilde comunicadora, TT), lo más comentado, tiene por qué serlo… que hay de todo en la viña del Señor), mayor disposición habrá para que hasta el gato de la vecina, lo comparta y lo divulgue por medio de su perfil @misifú. Por cierto, recomendable 100% este artículo de Tirso Montañez en Jot Down, en el que se reflexiona sobre el tema y que os invito a leer.

Otra razón para tratar lo sucedido en Boston desde otra perspectiva es bastante simple: creo que poco puedo aportar nuevo a lo que ya se sabe; ni voy a arrojar datos porque haya investigado al respecto y que resulten de vital importancia en la investigación (ojalá…) ni imágenes, vídeos o testimonios exclusivos que ilustren lo que otros han hecho ya. Con respecto al tema del uso “indebido” de fotografías, leía no hace mucho un tweet de @noconmisfotos con el que no puedo estar más de acuerdo: “Sólo el autor puede autorizar la modificación de su fotografía. Nada de coger una foto, cortarle la firma y subirla a tu blog. Recuérdalo!”. Por eso me parece ilícito, a la par que redundante, utilizar y apropiarme, aunque sea de manera ilustrativa, de muchas de las imágenes que se tomaron aquel día.

¿Y por qué Twitter? Porque se ha convertido en referencia número uno en el mundo del social media. Todo lo que se vierta en esta red, todo lo que se convierta en TT, todo aquello que consiga retweets (RT), fav´s o followers se convierte, automáticamente, en tendencia, en todos los sentidos de la palabra. Twitter es, como dice mi santa madre, “ese patio de vecinos chivato en la que una termina enterándose de todo”. Y razón no le falta… aunque el éxito de la red no depende, tampoco, de esto exclusivamente. Twitter es, para mí, una de las mejores (si no la que más) redes sociales del momento: es simple, rápida, breve, concisa, viral al máximo, creativa… (para amarla aún más, os dejo el siguiente post). Yo no solía usarla mucho, la verdad, pero una vez tuiteas con asiduidad, es como las Pringles: ¡no hay stop! Además, que se descubre cantidad de contenido y perfiles interesantes y de todos los ámbitos y condiciones.

¿Qué pasaba entonces el lunes por la noche en Twitter?

A la 1:56 de la madrugada (hora a la que me acostaba) los TT en España eran los siguientes:

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Ese mismo día, un atentado en Somalia, otro en Siria y, probablemente, otras tantas desgracias más en países en permanente conflicto dejaban más heridos y fallecidos que en Boston. Leyendo mi timeline (la relación de tweets en tiempo real de quienes seguimos), encontraba muchos que comentaban desde el minuto 1 lo acontecido en EE.UU., personas que, realmente, se limitaban a hacer RT a la cantidad de fotos  y vídeos (algunos bastantes escabrosos y sobre los que se abrió, esa misma noche, un debate paralelo sobre si eran necesarios o no en la relevancia de la información) que iban llegando desde Boston y a comentar sin ton ni son, al voleo, al respecto. Lo que viene siendo un ataque en estado puro de POSTUREO (¿cóooomo? ¿Qué no sabes qué es el postureo?). Este tweet de la periodista Natalia Sanguino (a la que sigo desde hace bastante tiempo y con la que comenté, en su momento, lo hortera que resultaban los uniformes del equipo británico en las pasadas olimpiadas… así que si me lee alguna vez, sí, era yo esa friki) creo que resume bastante bien la actitud de muchos esa noche a la hora de tuitear: “@QuietBrown: Algunos comparan Boston con Siria o Somalia. Los mismos que jamás han comentado nada sobre Siria o Somalia. Cuánta tontería #prayforboston”. OJO, que cada cual puede hacer y deshacer lo que le venga en gana en su Twitter, Facebook, Tuenti, blog, cuaderno de dos rayitas… Lo mismo que yo aquí. Así que lo siento si puedo molestar a alguien. Pido disculpas de antemano.

Otro tema candente esa noche entre los tuiteros era la falta de cobertura que se le dio al atentado en esos momentos en España. Creo que únicamente Marca TV, Intereconomía, 13 TV, Teledeporte y Telemadrid (por favor, si hubo alguna otra cadena de televisión que lo retransmitiese en directo, decídmelo) hicieron conexiones en directo y paralizaron su parrilla para informar sobre las explosiones. Dilema: ¿por qué las cadenas generalistas no lo hicieron también? ¿Tanta relevancia tiene lo que ocurre al otro lado del charco? ¿Y qué pasa con los otros atentados ocurridos en Somalia o Siria, no se habla sobre ello? Yo, ni soy experta en comunicación política ni creo que tenga potestad alguna para opinar y contestar de manera contundente las preguntas anteriormente planteadas, pero sí que encuentro muchos tweets afines a las respuestas que, como ciudadana y último mono que soy, daría al respecto: “@djdmonk: @danimartinezweb no creo que sea tan difícil de entender que atacar a USA tiene consecuencias mundiales y a otros países no, triste y real”, “@QBF_IvanVarela: Hoy han muerto 30 personas en un atentado en Somalia. Pero claro, Boston es del primer mundo…” o también “@Matglez: Compañeros periodistas, ya está bien de darnos golpes de pecho o lecciones con las coberturas del atentado en Boston. Mejor informad”.

Pero sin duda, lo que más me llama la atención son las críticas y la indignación que se formaron en torno al cónsul español y su “falta de tacto” a la hora de afirmar que cerró el consulado “porque había llegado la hora”, que quienes quisieran contactar con familiares “que llamasen a hospitales” y que confirmaba que no había heridos españoles porque, según le habían informado, “en ningún hospital había nadie con apellidos que sonasen a español”. En el Huffington Post acompañan la información, incluso, con un recurso multimedia que recoge algunos tweets al que aconsejo que echéis un vistazo, por si no llegasteis a leer ninguno. La relevancia que le doy a esto no es tanto por lo que el cónsul dijo y/o hizo sino por lo acontecido justo el día después: la destitución de Pablo Sánchez-Terán por parte del Ministerio de Exteriores. Alegan, como es obvio y altamente comprensible, “incumplimiento de sus obligaciones” pero, yo me (y os) planteo la siguiente cuestión: si esta desafortunada decisión de Sánchez-Terán no hubiese trascendido de la manera en la que lo hizo a través del aluvión de críticas en medios sociales como Twitter, ¿seguiría manteniendo aún su puesto? Y me remito a la siguiente información. Como leemos justo al final de la noticia, no es la primera vez que se relaciona el nombre de Sánchez-Terán con la polémica ostentando de su condición como cónsul. Supongo que, al igual que ahora, las críticas le lloverían como chuzos de punta pero en 2004, año en el que hacía aquellas afirmaciones, ni existía Twitter ni nadie, me aventuro a decir, pensaba que la opinión vertida a través de Internet, de una red social, podría influir de tal manera en la sociedad.

Lo que dudo, aunque todo estar por ver, es si también las numerosas críticas que se hicieron en cuanto a la actuación de dirigentes (valga el siguiente tweet como ejemplo: “@Currito3_Lpm: En Boston mueren 5 personas y sale el presidente de EEUU a dar explicaciones. En Madrid mueren 5 chicas y la alcaldesa se va a un spa.”) tienen el mismo efecto que con el cónsul y más de uno se va a tomar Fanta…

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