OTRA VEZ LOS MISMOS, por Javier Astasio


No. No quiero ser Perogrullo. Ya sé que, salvo que Iglesias y Garzón compartan lista, los candidatos van a ser los mismos que se presentaron el 20 de diciembre. Es evidente. lo que quiero subrayar, y lo hago porque me gustaría que se tuviese presente a la hora de volver a las urnas para votar, es que son, no ya los mismos que se presentaron, sino los mismos. esos mismos que han fracasado después de cuatro largos meses a la hora de tejer un gobierno con los mimbres que les dimos, También, que, si han fracasado, es porque, en el fondo, no querían acertar, querían fracasar para volver a repartir las cartas.
Son los mismos que, con unos resultados a todas luces decepcionantes, porque todos esperaban más, se han enfrentado a esa tarea de formar gobierno, pensando, más que en lo que representaban sus votos, en lo que pensaban que habían merecido y en lo que podrían estorbar a sus expectativas, a su público objetivo, las alianzas con formaciones que les disputan el espacio político y, por lo tanto, los electores. Son los mismos que, en su mayoría, han estado escondiendo sus cartas, jugando de farol con nuestro futuro.
Durante cuatro meses les hemos visto y escuchado en todas las televisiones, en todas las radios y en todos los periódicos, cada día, cada minuto, exponiendo el que, decían, era su pensamiento, sus planes y sus soluciones. Les hemos visto en cada telediario, en cada portada, en cada boletín, imponiendo sus condiciones, levantando empalizadas, cavando vetos para que los otros, sus hipotéticos socios en el gobierno no pudiesen siquiera plantearse ampliar la base del acuerdo para hacerlo posible.
Han sido demasiadas horas, demasiada su presencia en nuestras vidas, demasiados mensajes en todos los tonos posibles, demasiada doctrina t demasiada práctica, como para pretender que olvidemos lo que han dicho y hecho, pongamos a cero nuestro contador y borremos de nuestro pensamiento lo que ya sabemos de ellos y su comportamiento en el mundo real.
Por eso no quieren renunciar a la campaña, otra campaña, por eso están tan preocupados por hacerla, barata, pero hacerla. Porque necesitan como el aire que respiran poder justificarse ante sus votantes por todo lo que han visto y oído, porque necesitan borrar del pensamiento de los ciudadanos todas las miserias de que han sido testigos, porque necesitan que olviden los diegos y vuelvan a creer en los digos, porque, la verdad, la memoria echaría para atrás la voluntad de votar para resolver de una vez este embrollo.
Con qué cara irían a las urnas los que dieron su voto a los socialistas después de escuchar que Rivera y su Ciudadanos eran, no ya la derecha, sino la peor derecha y tendrían que volver a hacerlo ahora, sabiendo que la cosa no era para tanto y que el representante del IBEX 35, no sólo es un buen socio, sino mucho mejor que los compañeros de la izquierda.
Con qué cara irán a votar ahora quienes confiaron en Podemos y en su intransigente rectitud, después de ver que todo es negociable y todo tiene un precio, con qué ánimo se acercarán a las urnas quienes pensaron que votando a Ciudadanos votaban otra cosa distinta del PP y saben ahora de los esfuerzos denodados de Rivera por arrastrar al PSOE cautivo a esa gran alianza que ni al mismo Rajoy parecía apetecer mucho.
Creo que sólo los que votan a los pequeños, a los marginados den los debates, a los que apenas tienen fondos para hacer campaña, los que cruzan el país de punta a punta en autobús y furgonetas, pueden ir a las urnas con la cabeza alta. Han demostrado que están, que han estado, exactamente donde se les esperaba. Espero que todo esto no se nos olvide, que tengamos presente lo que han hecho, como se han comportado, unos y otros y que su nueva palabrería, la de la inevitable campaña, no saque de nuestra cabeza todo lo visto y oído a lo largo de estos meses.

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