Orgasmos de libro, por Noelia Jiménez (@njimenez79)

Será porque tanto exprimirnos hace que lleguemos sin jugo a la cama. O porque nos pasamos la vida del trabajo a casa y de casa al trabajo -o enviando currículos y buscando pan debajo de las piedras- y algo hay que hacer en el trayecto. O que estamos tan jodidos que queremos sentir que hubo otro tiempo en que la jodienda era placentera. O será que simplemente está de moda procurarse orgasmos mientras se leen los ajenos. La cosa es que ahora lo que se lleva es ponerse con un libro.

Abrió la veda E. L. James, autora de la trilogía Cincuenta sombras (publicada por Grijalbo en España): puso a las americanas a gozar con una historieta de amor y lujo con mucho sexo explícito y reventó las listas de ventas de medio mundo. Ahora le da la réplica Sylvia Day con No te escondo nada (que edita Espasa en nuestro país). Para la James era su primera vez (escribiendo novelas). Fue llegar y gozar. Para Day esto de ser best seller no es nuevo, pero como no quiere apearse del trono de los autores más vendidos y le da buen resultado picotear de género en género tampoco se ha resistido a los encantos de una buena dosis de sexo.

En realidad un orgasmo no solo ilumina el cutis, sino también las cuentas de las editoriales, y eso no es nuevo: lanzar un título con las letras "sex" en la portada (o en la solapa) siempre es un reclamo. Y si además se aderezan las páginas con los elementos que nos gustan a las mujeres, que somos las grandes compradoras de libros (o sea, amorcito, ropa cara, tíos buenos y ricos y demás tópicos del ramo), el éxito está (casi) garantizado.


El sexo, además, no se agota en la novela: los libros con claves y "secretos" para sacarle más jugo al asunto son también constantes en las mesas de novedades. Inteligencia sexual, de Sonsoles Fuentes (Plataforma Editorial); Homo erectus: el manual para hombres que no deben leer las mujeres, de Juan Eslava Galán (Ed. Planeta) o Slow Sex: sexo sin prisas, de Diana Richardson (Ed. Gulaab) son solo tres ejemplos.

Aunque habrá quien diga que menos leer y más... Pues eso.

[Publicado en Diariocrítico.com]

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