Orange is the new black, esa droga televisiva, por @MartaLobera

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Los que se encuentren con este blog podrán observar que soy una serieadicta. Las adicciones no son buenas, pero no lo puedo remediar. Y hay unas más adictivas que otras, este es el caso de Orange is the new black.  Se trata de una droga bastante nueva, que apareció hace un año y nos tiene a muchos seriéfilos totalmente enganchados. Ya os hablé de ella de forma más breve en otro post, pero tengo que comunicar que mi adicción ha ido a más. Por si fuera poco, recibimos la ‘mercancía’ del tirón gracias a Netflix, para que la consumamos a nuestro ritmo. A muchos nos cuesta hacerlo poco a poco. Eso sí, no hay riesgo de sobredosis porque estas entregas anuales tienen la cantidad justa y necesaria para no hartarte y dejarte con ganas de más para el año siguiente.

Como he comentado antes, hace un año Orange is the new black dio la sorpresa y se convirtió en uno de los mejores estrenos de la temporada. La historia de Piper Chapman y sus compañeras de prisión ha sabido hacerse un hueco importante en la agenda seriéfila. Y es que esta serie tiene algo distinto. No es ni mucho menos la primera que trata el tema de la vida de los presos. El máximo referente televisivo quizás sea Oz, de HBO, que tiene un tono mucho más oscuro, dramático y desolador. Ahí es, quizás, donde se encuentra uno de los aspectos más originales de Orange is the new black, que a pesar de narrar historias muy dramáticas, lo hace desde un punto de vista más entrañable, ligero y con sentido del humor. Estamos ante un drama carcelario que no es tan drama y ante una comedia que en ocasiones no lo es tanto. El género de la dramedia está en auge y OITNB es uno de los mayores exponentes actualmente, junto a otras como por ejemplo la versión americana de Shameless sobre la que ya hablaré algún día en este blog.

Jenji Kohan ha sabido crear una atmósfera única, un abanico de historias que han ido cautivando al espectador. Si bien la primera temporada estuvo más centrada en la protagonista, Piper Chapman, y su inestable relación con Alex Vause, esta segunda entrega ha sabido repartir mejor el protagonismo y darle más ‘chicha’ a otros personajes, lo cual ha sido todo un acierto. No solo han mantenido el nivel de la primera, sino que han mejorado ciertos aspectos, haciendo la serie más sólida.

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OITNB es una serie de mujeres y seguro que antes de estrenarse muchos no daban un duro por ella. Es decir, una serie en la que predominan los personajes femeninos de forma aplastante y donde los personajes masculinos son secundarios, además de unos cerdos, unos pringados o un completo desastre. Menuda forma de darle la vuelta a la tortilla, ¿No? No recuerdo ahora mismo muchas series en la que esto suceda, donde haya tantos personajes femeninos  que asuman todo el peso de una serie y que no dependan de un hombre para nada. No hay que confundir series con personajes femeninos fuertes e independientes, que de esas ahora hay a patadas, no hay más que ver Mad Men, Breaking Bad o la ya citada Shameless. Lo que llama la atención es que aquí las mujeres dirigen todo el cotarro.

De hecho Orange is the new black, nos presenta a muchos tipos distintos de mujer. Desde las muy femeninas como Morello, hasta las más masculinas como Boo o Poussey, pasando por personajes fuertes y fríos como Red, Vee, o incluso Alex y llegando a la protagnista, Piper, que se queda un poco en el medio y va sufriendo una transformación según avanza la serie. Una muestra de lo mucho que la cárcel puede endurecer a una persona. La serie también decide romper tabús y se atreve con Sophia, que es transexual. No es el primer personaje transexual que vemos en  televisión, pero sí que consiguen tocar el tema y profundizar en las dificultades que tienen este tipo de mujeres no solo dentro de la prisión, sino fuera. Y lo hacen manera natural, sin dramatismos, ni exageraciones y sobre todo, sin caer en los chistes fáciles o en estereotipos rancios. Orange is the new black es una serie  muy valiente.

La homosexualidad es otro tema que la serie toca de cerca, algo que ya no es difícil de encontrar en la televisión americana, esa barrera parece que por fin se ha superado. Sin embargo, OITNB da un paso adelante y se adentra en el concepto de la bisexualidad, que parece que ahora empieza a tener más visibilidad dentro de la ficción televisiva, o al menos se trata de forma menos superficial. Piper es bisexual y en la primera temporada se encuentra dividida entre su novio Larry y su ex novia Alex. Otro asunto que se trata con total naturalidad y sin recurrir a tópicos, ni bromas baratas.

Ya solo por la historia que han elegido contar y ese carácter coral, esta serie abre la oportunidad de hablar de temas muy distintos, como la denuncia social por el funcionamiento del sistema penitenciario estadounidense, perfectamente reflejado en los trabajadores de la prisión, donde encontramos a verdaderos impresentables como la directora, Figueroa, Pornstache, el tipo que hace las reparaciones eléctricas (ni siquiera recuerdo su nombre). Y otros que se mueven entre lo patético y lo entrañable en ciertos momentos, como Healey y Caputo.

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Por supuesto no falta el acercamiento a asuntos como las drogas, las luchas de poder, racismo, diferencias culturales, el sentimiento de familia que se crea entre las presas, etc. OITNB aglomera todo dentro de los muros de una prisión, con personajes que representan cosas muy distintas pero que funcionan perfectamente juntos. Hace unos años una serie de este tipo sería impensable, pero con productos como éste queda claro que la ficción americana ha cambiado mucho, aunque siempre habrá barreras que romper.

En definitiva, Orange is the new black derrocha originalidad porque tiene personajes interesantes y bien desarrollados, hay presas más llamativas que otras, tramas mejor contadas que otras. Todo el que vea la serie se ‘unirá’ a un bando concreto, pero la sensación es la misma: la de ver una historia con gran sentido del humor en un ambiente que, en principio, no es el idóneo para reír. Aunque también hay momentos en los que sacar los pañuelos, ésos en los que un flashback nos cuenta cuáles son los errores, las malas decisiones que llevaron a las protagonistas a esa condena, a esa cárcel que ahora se ha convertido en su hogar forzado. Casi nadie es realmente bueno, ni realmente malo, aquí no hay blancos, ni negros, hay términos medios, que no se representan bajo un triste color gris, sino con ese color naranja tan vivo y eso es lo que hace que esta droga sea tan adictiva.

 


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