Olvido, por María Paula Munaretto (@paulitamuna)

Taparse la cara con las manos. Fuerte. Sentir como nuestros dedos recorren las arrugas de nuestra frente y la estiran, bajando por nuestros ojos y llegando a juntarse con el resto de la mano.
Abrir nuevamente los ojos. Querer que no abran.
Sentimientos encontrados, que en todo momento deseamos perder. Olvidar lo que no podemos, creer lo que entendemos y recordar lo que queremos. Vidas cruzadas,  que poco saben. Sienten, sin embargo se prohíben sufrir.
Y aun así, no hacen otra cosa. Sufren.
Aman un vacío, que buscan destruir por completo. Odian al amado. No se permiten ser felices. No lo merecen. 
Cierran los ojos una vez más.
Logran abrirlos sin el menor esfuerzo, deseando no haberlo hecho. La pared sigue allí, los árboles de invierno esperando que todo pase. Pasan niños corriendo. Pasan hojas arrastradas por el viento. Pasa la vida.
Silencio.

Nada está vivo alrededor de esas paredes. Sordas se encuentran, como consecuencia de gritos inesperados y llantos  indeseados. Ciegas de violencia, amnésicas de poder. 
Cierran los ojos.


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