Ofensas las suyas, por @German_Temprano

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Ofensas las suyas


Dicen que no ofende quien quiere sino quien puede. A este Gobierno hay que reconocerle que lo pretende y lo consigue. Son tantas las provocaciones que el próximo ciudadano que queme un contenedor no tiene por qué ser un radical. Bien podría ser alguien que antes se dedicaba a cuidar con mimo sus petunias. La paciencia tiene un límite. No como los atropellos de estos tipos que no tienen fin. En el país en el que se atraca a los contribuyentes para que paguen con su sudor las incapacidades de los mismos bancos que les ponen en la puta calle con sus hijos defecarse en los culpables de la tropelía será sancionado. Y lo será porque eso de ‘ofender a España’ viene a ser sinónimo de ‘ofender a nuestra España’, a ese territorio que siempre han tenido por cortijo.

Antes por la fuerza, ahora con la coartada de las urnas, de una democracia en la que sólo creen como llave para mandar y requisito para que los demás obedezcamos. La patria como refugio para el expolio de lo que pagamos todos para que se beneficien ellos y los suyos, la patria como parapeto de esa injusticia, indignante y odiosa, de hurtar a quienes menos tienen para que no dejen de engordar los de siempre. Hay más pobres y los ricos son más ricos. No lo dice un resentido social, que también, sino esas estadísticas que tras la frialdad de los datos esconden personas.

Personas que se joden de frío porque están tiradas en un banco, en este caso no de los que salvan con nuestro dinero, o que, sin llegar a ello, ponen lo justo la calefacción porque no les llega para las facturas. No tienen trabajo o tienen un salario de mierda o tienen a los hijos a miles de kilómetros después de haberse partido los lomos por darles unos estudios que ellos no pudieron tener. Mientras tanto hoy sale un señor, o lo que sea este ministro meapilas tan católico como para defender que los inmigrantes se desgarren con las cuchillas de una maldita valla, a decirnos que cuidado con cagarse en sus muelas en una pancarta.

Que eso es una ofensa y como tal será perseguida, penada y cobrada. Las suyas, sin embargo, están financiadas por quienes les pagamos el sueldo, subvencionamos los choriceos de turno, los aeropuertos sin aviones o las televisiones que manipulan, ponen a su servicio, exprimen a su conveniencia y luego cierran dejando sin futuro a cientos de trabajadores. Váyanse a la mierda, con multa o sin ella.

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