No tienen vergüenza, por Javier Astasio

 
Ayer, de creer al presidente madrileño, Ignacio González, o a la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, cuyo marido sigue dando el esquinazo a la Justicia, deberíamos a ver asistido a un Pleno de Presupuestos con el gobierno acogotado y cohibido por el chantaje y la violencia de las masas anti sistema que rodeaban, cuando no trataban de asaltar el Parlamento, como se asaltan los palacios de invierno s se toman prisiones absolutistas como La Bastilla.
Sin embargo, ni las caras, ni las risas, ni siquiera el descaro del ministro Montoro, trilero donde los haya, denotaban la más mínima inquietud. Más bien al contrario, mintió los presupuestos con una suficiencia, una capacidad de fabulación y un desprecio a las terribles condiciones en que ya están viviendo millones de españoles, dignos de mejores propósitos, como, por ejemplo, defender a este pobre país de la voraz severidad germana.
En la calle no hubo violencia y, si no la hubo, fue porque no la puso la Policía ni sus amigos, los tan sospechosos encapuchados. Varios miles de ciudadanos se mantuvieron al otro lado de la "jaula" con que Interior "protege" a nuestros representantes, pacífica y dignamente durante cinco horas, gritando consignas y colgando sus pancartas en las vallas donde el 25-S comenzaron las agresiones policiales.
De modo que no hubo chantaje no coacción, tampoco el 25-S los hubo, y sus señorías tuvieron total libertad para expresarse, pudieron entrar y salir del salón de plenos y del mismo edificio y pudieron seguir con la boca abierta, primero, y con indignación, después, la exposición del bonito cuento de la lechera que tuvo a bien el ministro Montoro contarle.
En primer lugar, presentar unos presupuestos basados en cifras que sólo el Gobierno conoce no es decente. Es de una deslealtad de proporciones bíblicas, porque cualquier réplica sería imposible. Ahora bien, les importan tan poco la dignidad y la decencia que "pasan" olímpicamente de cifras y previsiones que tuerzan su discurso, las hagan el Banco de España, el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional. Ayer Montoro me recordaba a esos periodistas que tienen como consigna esa de "no dejes que la realidad te estropee un buen reportaje". A pesar de que todos sabemos, incluso Rajoy, que, al final, la realidad acaba por imponerse hasta el punto de impedirle cumplir su tramposo programa.
Ese es el problema, que, como las gallinas y los pavos, los populares son aves de vuelo corto a las que esa realidad acaba por echar a tierra. Pero, mientras sus periódicos y sus espléndidamente pagados contertulios puedan mantener en el paladar de los más crédulos la dulzura de sus fábulas, todo se da por bueno, pero al final los pavos y las gallinas acaban correteando y arrastrando el peso de sus fabulaciones y encerrados, no caerá esa breva, en el corral.
Quien tiene el descaro de calificar, no sólo de sociales, sino de "los más sociales" de la democracia los presupuestos de ayer, y más, sabiendo que lo exiguo de las partidas sociales va a ser aún más exiguo cuando la ciega rigidez de Bruselas, forzada por la injusta intransigencia de Berlín, obliguen a nuevos tijeretazos... quien tiene el cuajo de representar un papel tan indigno en el lugar en que reside la soberanía no tiene vergüenza o, lo viene a ser lo mismo, es un sinvergüenza. Así de claro.
 
 
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