No hay prensa de izquierdas, por Javier Astasio

No señor. Lamento decirlo, pero en España no hay, y me temo que tampoco en ningún otro país, prensa de izquierdas. Fue este, hace unos días, el meollo de una conversación entre amigos, periodistas entre ellos, a los postres de una comida.
La pregunta que abrió el fuego fue "¿Es EL PAÍS un periódico de izquierdas?". Yo mantuve que no y os aseguro que no fue por resentimiento a la empresa para la que trabajé tantos años. Simplemente, con el tiempo, he llegado a la conclusión de que las empresas periodísticas son, ante todo, empresas y, como tales, están más pendiente de los balances, de no molestar a quienes insertan publicidad en sus páginas o contratan sus cuñas y spots, y en someterse al poder político o financiero para obtener concesiones o créditos.
Sí es cierto que algunos periódicos se sitúan más a la izquierda o a la derecha que otros, pero, a la hora de la verdad, y no hay más que asomarse a cualquier redacción para ver que las más de las veces están más cerca del modelo chino de lo que podría pretender el señor Roig de Mercadona.
Becarios eternos, nimileuristas, colaboradores que, si cobran, cobran mal y tarde, horarios inhumanos, cuotas de trabajo que ni siquiera garantizan la mínima calidad para el producto... No exagero, basta con leer con un poco de atención las páginas de cualquier periódico o aguzar el oído para escuchar la radio.
Resulta irónico que sea precisamente el diario de la calle Miguel Yuste el que está publicando una serie sobre los jóvenes subempleados en España. Podría haber ahorrado costes, enviándoles a una gran parte de los empleados del grupo, los más jóvenes, el cuestionario apropiado. Y eso no sólo pasa en EL PAÍS ni pasa sólo ahora. Por ejemplo, el diario Público que hasta hace poco pasaba por ser el más progresista de la cabecera, a la hora de poner en la calle a sus trabajadores se ha comportado como la empresa que al fin y al cabo es.
Esto último me trae a la memoria la desaparición de Mundo Obrero, el periódico del PCXE, como diario. Lo sé muy bien porque a mi hermano Miguel le tocó, poco antes de fallecer en un accidente ferroviario, representar a sus compañeros, embarcados en la aventura de sacar adelante un diario de partido, ante la dirección de la empresa que, qué morro, pretendía que se fueran con una mano delante y otra detrás, supongo que por amor al partido. Qué curioso que uno de los hermanos Mullor, al frente de aquel proyecto, acabase dirigiendo Iberia... sí, la de los aviones.
Los periódicos se comportan como empresas y de las duras con sus trabajadores y son dóciles corderitos con el poder, salvo que éste les niegue algo, en cuyo caso se convierten en perros de presa que llegan a desconcertar a sus lectores. A veces, noticias que, por el número de afectados y lo escandaloso del asunto, como, por ejemplo, el de las participaciones preferentes, merecerían una primera, acaban, si es que se publican, desterradas y escondidas en una página par de la sección de Economía.
Concluyo con un ejemplo que, más que vivir, "padecí" en mis propias carnes. El Corte Inglés, uno de los mayores anunciantes de éste país, prohibió durante cuarenta y ocho horas que nos refiriésemos al atentado del Hipercor de la Avenida Meridiana de Barcelona mencionando su marca comercial. Al final, el sentido común y la Historia, pusieron las cosas en su sitio, pero, intentarlo, lo intentaron y en los despachos se les siguió la corriente.
Va a tener razón un amigo que a menudo repite "yo donde pago, cago".
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*