No hay champú anticaspa que acabe con Eurovisión, por The Observer

Que viene, que viene... Eh! Eh! El concurso más casposo de todos los tiempos no tiene fecha de caducidad. El grandioso año del Chikilicuatre, todo parecía indicar que España estaba a punto de desvincularse de un evento del que nos reímos en la cara. Pero no. Aquí estamos, aquí seguimos, y no se nos suben los colores ni por no cejar en nuestro empeño de querer acudir al eurocirco de la canción más cutre y comercial, ni por tener expectativas de ganarlo sin conseguirlo jamás.

Sospecho que al resto de los países que presentan sus horteradas al sarao, con algo así como orgullo y encima patrio, les pasa como a España: que ya no saben cómo hacer para llamar la atención. He aquí el caso de Rusia:

He aquí el nuevo caso: el de Rumania. Otra canción del varano entonada por una muchacha exuberante, medio en pelotas, llamando a su 'papito'. Lo curioso: le llama en castellano. ¿Qué tiene la lengua española que no tenga el rumano? Mucho me temo que esta estrategia de cantar en nuestro idioma tiene como finalidad abrirse camino en nuestras discotecas y machacarnos el cráneo a todos los radioyentes desde ahora hasta septiembre.

Al menos, nuestra Pastora Soler tiene un vozarrón. Eso sí, una lástima que malgaste su don con este tipo de melodías pegadizas. Tendrá que competir con la rumana en el mundo de la promoción para lograr alcerse con la suya como canción del verano. ¡Toma título! Con lo bien que nos hubiéramos retirado con el Chiki-Chiki, a tiempo y con la cabeza alta.

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