NO ES UN JUEGO, por Javier Astasio


A veces cabría pensar, a causa de la actitud de algunos de nuestros parlamentarios, que la política es un juego, un juego que se juega en escenarios muy determinados y de cuyos resultados se da cuenta, en los telediarios, no al final de los mimos, como en el caso del fútbol, sino en la portada y en los titulares, siempre que la cadena de mando no de órdenes en contrario para que algunas meteduras de pata, que las hay, pasen inadvertidas para los ciudadanos.
Lo malo es que, como en el fútbol, más allá de los resultados, lo que nos muestran en los telediarios son apenas los goles o las imágenes más vistosas, sólo la anécdota, la frase ingeniosa o, si la hay, la bronca pura y dura. Pocas veces la trascendencia de lo que se dice o se vota, las consecuencias que, para nosotros, los ciudadanos de a pie, tienen el debate y los resultados. Ayer, por ejemplo, víspera del Día Internacional de la lucha contra el SIDA, esa enfermedad cruel de la que tanto sabemos ya y que, sin embargo, parecemos empeñados en olvidar, y, a propósito de la lucha contra el SIDA, en el Congreso nos dieron un ejemplo claro de lo que os digo.
El diputado de Esquerra Gabriel Rufián quería saber qué planes tenía el gobierno para promover el uso del preservativo, el medio probablemente más asequible y eficaz para prevenir el SIDA y el resto de enfermedades de transmisión sexual y enseguida corrió como la pólvora la especie de que lo que pretendía Rufián era obligar a Rajoy a decir una palabra, condón, tan tabú entre determinadas gentes como lo fue durante décadas, para desgracia nuestra, su uso y su venta normalizada para el resto de los españoles, Y ya sabemos cómo se las gasta Rajoy, que se tiene por mago de la oratoria, cuando cree que le quieren hacer pasar por el aro, por cualquier aro: se defiende como gato panza arriba y se empeña en dar rodeos, hacer circunloquios, ahogar a su interlocutor en cifras y estadísticas tan frías como vacías para no ceder ante su interlocutor, olvidando que, en ocasiones, la voz de quién le está interpelando es la de la una gran parte de la sociedad, por no decir toda la sociedad.
Pero, ya sabemos que Rajoy es tan tozudo como el más tozudo de los campesinos gallegos y se cree tan brillante como el más brillante y mordaz de los contertulios del casino de cualquier capital de provincia. Y si no lo cree, siempre tiene alrededor voces serviles que se encargan de decírselo y de decírnoslo. Por eso, Rajoy se empeñó en un esfuerzo dialectico innecesario, digno de mejor causa para no ensuciar su boca ni su pensamiento con la evocación del látex con que se fabrica tan sabio complemento para unas relaciones sexuales mucho más libres y seguras.
No dijo preservativo ni dijo condón y nos quedamos en eso., no con esa cifra del setenta por ciento recortado en los fondos destinados a su promoción y distribución en los últimos años. Tampoco nos hablaron de cómo los pocos preservativos que llegan a los centros de salud caducan olvidados en el fondo de un armario o un cajón porque desde las puritanas consejerías de aquí y allá no se elaboran planes con instrucciones claras para su distribución entre las poblaciones de riesgo entre las que, por desgracia, también están nuestros jóvenes que, carentes de información o de estímulos, prefieren emplear el poco dinero de que disponen en alcohol y otros modos para aturdirse y olvidar lo oscuro de su futuro.

Ayer se perdió una gran oportunidad de hablar con seriedad y a las claras de lo importante que es la prevención, a todos los niveles, en la lucha contra el monstruo arrinconado, pero no vencido, que es el SIDA. Se perdió la gran oportunidad de que nos sintiésemos protegidos por un gobierno y un parlamento que se preocupa por nosotros y por nuestro futuro. Pero se optó por el divertido juego de esconder la palabra maldita, mientras los pocos preservativos que llegan a quienes deberían ponerlos a disposición de quien los necesita y, por las razones que sean, no los pueden conseguir, se pudren sin cumplir con su función de defender la salud y salvar la vida a tanta gente. Mezclar la moral, más si es rancia, y la salud no es ni será nunca un sueño.
Pero no. Por desgracia no es un juego.

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