No es tan fácil, señor Sánchez, por Javier Astasio



No, señor Sánchez, no. Ya no es tan fácil pedir perdón. Ya no basta como antes con hacer pucheros, hablar en tono grave y decir eso de "donde dije digo,  digo diego", para que la gente olvide. No hay más que ver el éxito "perfectamente descriptible" del teatral gesto del arzobispo de Granada echado de bruces ante el altar de la catedral, horas antes de que el anuncio de la detención de tres de sus sacerdotes y un profesor de religión arrancase los aplausos del auditorio de un programa de radio en directo. Ahora, cuando el daño ya está hecho, ya no basta con la contrición. Cuando la ofensa y el dolor son tantos, no hay sitio para el olvido y, por higiene más que por venganza, no se puede dejar en manos de quienes lo causaron su reparación.
Ayer, Pedro Sánchez, el que no hace tanto acusaba a Podemos de decir lo que la gente quería oír, de populismo, a la vista de las encuestas y quizá de más de una opinión de la prensa internacional, dio un teatral golpe de timón poniéndole la proa al modificado artículo 135 de la Constitución, la pieza clave de toda la política de recortes emprendida por Zapatero y rematada aún todavía por Rajoy. Y, todo hay que decirlo, no me parece que el gesto le honre, porque el que ayer contrito y compungido anunciaba que apoyará esta tarde la moción de la Izquierda Plural para echar abajo la reforma que ordenó Merkel y Zapatero pactó con los populares ante el silencio cómplice de gran parte de la prensa y el forzado de la ciudadanía, a la que no se quiso consultar, a sabiendas de que la reforma exprés era injusta, fue uno más de los diputados que dieron el sí a tan enorme hipoteca sobre nuestra economía. No puedo creer que Pedro Sánchez, economista de formación y profesión, que ha ejercido como tal asesorando en Bruselas a su partido, no fuese consciente de que tan abusiva hipoteca, nada menos que anteponer el pago de la deuda a cualquier otro gasto, incluido el social, conllevaría, más pronto o más tarde, el desahucio de nuestro estado de bienestar. Tampoco puedo creer que alguien conectado con la sociedad como se le supone a un parlamentario que se  dice de izquierdas no fuese consciente de lo que reclamaba la sociedad desde las plazas del 15-M ni, ni, mucho menos, que no llegasen a su escaño las protestas de las sucesivas mareas y las marchas que se desarrollaban a apenas unos cientos de metros del mismo.
En 2011, con "agostidad" y alevosía, el grupo socialista casi al completo -hubo tres ausencias, un NO por error y una abstención- puso la soga al cuello de los españoles sin privilegios. En poco más de cuarenta y ocho horas encendió la mecha para la voladura perfectamente diseñada y controlada de lo que nos había llevado casi tres décadas construir. Zapatero, al que ayer faltó poco para hacer un corte de mangas a Sánchez y que se conformó con una irónica sonrisa, fabricó con la reforma la llave que puso en manos del PP y de los especuladores los destinos de nuestro país. Y lo hizo a sabiendas de que dando prioridad al pago de la deuda en todos los niveles de la administración cualquiera de los avances sociales que tanto adornaron sus mandatos quedaban en nada si conllevaban algún gasto.
Ahora, pasados tres años, los españoles como gatos escaldados huyen del agua, aunque sea bendita, que provenga de cualquier político con pasado. Han sido testigos de muchas obscenidades y en su piel hay demasiadas cicatrices. Han sufrido tanto y es tanto lo que aún les queda por sufrir que ya no creen en nada, salvo en un nuevo país que, como una página en blanco, volvamos a escribir todos. Y yo, que me cuento entre los desengañados y que aún no he votado a Podemos pero pienso hacerlo, me reafirmo en lo que vengo diciendo desde hace tiempo, les votaré, no porque confíe en Pablo Iglesias y sus compañeros, sino porque votándoles me voto a mí mismo y voto a todos los que les votan.
Lo de ayer fue un primer paso, más teatral que otra cosa, porque difícilmente se conseguirán los tres quintos del Congreso necesarios para revocar la reforma del 135 y Sánchez sabía de sobra que lo suyo es un brindis al sol y, si no lo sabía, peor. Y si ese cambio de actitud de Sánchez lo han traído sólo las encuestas, imaginaos lo que puede dar de sí un revolcón electoral. 
No es tan fácil señor Sánchez. Son ya demasiados engaños, demasiadas promesas no cumplidas, demasiado maquillaje de la realidad, demasiado desapego de los que sufren y les necesitan. No basta con poner cara triste y mostrar arrepentimiento. No es tan fácil, señor Sánchez.


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