No es la solución, por Fernando Blázquez (@ferblazrom)

No habrá más dinero para el sector del carbón. Así de tajante se viene mostrando el ministro de Industria, José Manuel Soria, sobre las reivindicaciones que han llevado a un numeroso grupo de mineros a recorrer a pie la distancia entre las cuencas asturianas y Madrid, a la que hoy llegan. ¿El objetivo? Pedir que no se recorten las ayudas al sector, que serán un 63% inferiores de lo presupuestado hasta 2016. Este año, los Presupuestos Generales destinan 665 millones de euros a la minería y la reconversión de las cuencas mineras. Del sector dependen unos 5.000 empleos. Por otro lado, quienes trabajan en la mina desarrollan muy comúnmente enfermedades como neumoconiosis, fibrosis pulmonar o cáncer de pulmón. Además, a partir de 2019 la Unión Europea establece que no deben existir ayudas al carbón.

Hasta ahí los datos. Nadie, salvo deshonrosas excepciones, está en condiciones de criticar el que, probablemente, sea el trabajo más duro de este planeta. Por algo se dice aquello de “a picar a la mina te mandaba yo“. Ahora bien, seguir subvencionando el carbón no es la solución. Es una energía sucia, cara y destructiva del clima. Todas esas subvenciones que llevan años dándose tenían que haberse empleado en una reconversión eficiente de los pueblos de las cuencas, porque para eso fueron creadas. El problema, en este país, es el de siempre. ¿Para qué trabajar, para qué pensar, para qué moverme mientras el dinero sigue llegando? Había que haberse preocupado por crear empleo en las zonas en las que las minas van a cerrar… pero, ¿qué raro, verdad?, no ha sido así.

El carbón fue la energía del siglo XIX, pero estamos ya bien metidos en el siglo XXI. La investigación, la innovación, las nuevas tecnologías y las renovables son la única forma de salir del bache. Y, evidentemente, es responsabilidad del Gobierno de turno (este, el otro o el que vendrá) reformar las zonas mineras. Los mineros tienen derecho a indignarse, pero, aunque el abuelo Vítor fue picador, allá en la mina, y arrancando negro carbón quemó su vida, el momento de la hulla, el lignito y la turba ya pasó. No puede seguir subvencionándose el sinsentido.

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