"No decidí ser pobre, señor, sino ser profe", por @albertina_navas


Por Albertina Navas


Me siento como una niña lista para su primer día de clase. Nunca lloré ni hice pataleta. Al contrario, siempre me ha encantado la idea de ir a la escuelita. Recuerdo cuando, a los tres años de edad, en Ibarra, me preparaban la mochila para ir al Jardín de Infantes Albertina Franco de Leoro. Disfrutaba la clase, aunque admito que después sufría porque -por chiquita- los niños más grandes siempre me robaban la comida.


32 años después, siento la misma emoción. Ahora necesito más que crayones y plastilina, me llevo a otro continente una vida en tres maletas. Ya no es el preescolar, sino un Doctorado en Comunicación. Aunque sigo siendo chiquita, ya nadie me robará la comida. Seguramente, esta vez tendré la mente ocupada en situaciones más desafiantes y divertidas. 



Un doctorado es una decisión de vida, no es un título para engordar el currículum vitae ni para presumir. Es un compromiso con la docencia y la investigación. Hacia allá voy. Tras 14 años de ejercicio, y aunque soy periodista de profesión y vocación, doy un giro a la academia por decisión.




¿Hacía falta un doctorado?
Hace un año, me convencí de que sí cuando tomé la decisión de cambiar mi trinchera de una redacción a la educación. No es apresurado, sino pensado a fuego lento cruzando tres reflexiones: 


  • ¿Qué es lo que más me gusta hacer?
  • ¿Qué es lo que mejor hago?
  • ¿Dónde aporto más? 



Definitivo. Nada me compensa más en la vida que ver los ojitos brillantes de mis alumnos cuando dicen "¡ya!" al comprender un concepto clave. Luego, me siento tan orgullosa de ellos cuando los veo aplicar lo aprendido, triunfar y crecer.  ¡Vale la pena!


Lo curioso es que algunas personas se han permitido cuestionarme duramente. Recuerdo el caso más patético: "¿Para qué vas a estudiar un doctorado si los profesores nunca llegan a ser dueños de bancos?" Me dijo un ejecutivo jubilado a quién hasta ese momento respeté. Y siguió: "No te desperdicies, quédate en Ecuador para hacer dinero, tienes muy poco para lo que puedes con tu talento". Increíble. Ni siquiera al dueño de un banco se le habría ocurrido hacer semejante comentario. 


Como bien dice un graffiti que apareció pintado hace poco en la esquina de la UDLA, "hay gente tan pobre que lo único que tiene es dinero". Así que lo que no pude responder ese momento ante lo atónica que quedé frente a una lógica tan básica, se lo digo ahora con firmeza: "No decidí ser pobre, señor, sino profe".




Foto: Cortesía de Daniela Regalado (esquina Calle Granados y Colimes, Quito)

1 Comment

  1. "...cuando tomé la decisión de cambiar mi trinchera de una redacción a la educación".

    Yo hice el camino inverso: de Profesor de Historia a Doctor en Periodismo. Fueron los mejores años. Y eso mismo te deseo.

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