No beca, no party, por Francisco Romero (@franromerop)

La llegada de septiembre no sólo significa el final del verano y la vuelta al cole para los más pequeños, para muchos jóvenes periodistas que rondan la veintena supone terminar su periodo de prácticas. La escena se repite todos los años: llega el 1 de julio y las redacciones se llenan de estudiantes de Periodismo que sueñan con quedarse más allá de los dos o tres meses que dura su beca, pero pocos son los que renuevan sus contratos becarios/precarios más allá de agosto.

El primer día que llegas a la redacción te fijas en todo. En tus compañeros (sobre todo en los más veteranos, de los que más aprendes sin duda), en todos los detalles de la redacción y empiezas tu particular lucha con el programa de maquetación con el que tendrás que lidiar todo el verano para publicar tus primeras informaciones. Sólo por la sensación que experimentas al ver tu firma por primera vez en una noticia sabes que no te has equivocado al escoger carrera, aunque el panorama ahora mismo no sea nada halagüeño.

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Viñeta: Forges

Luego llegará tu primer reportaje, ése que tanto tiempo te costará parir y del que tan orgulloso te sentirás, aunque con el paso del tiempo y visto con perspectiva, no te parezca tan buen tema como en un principio. Tus primeras ruedas de prensa (por supuesto, a las que nadie quiere ir), las horas de transcripción con la grabadora y justo cuando tienes controlado el dichoso programa y empiezas a conocer más en profundidad a tus compañeros de redacción, te toca marcharte. Yo tuve la suerte de quedarme un tiempo, pero la gran mayoría de becarios que entraron el pasado 1 de julio con las pilas cargadas y ganas de comerse el mundo, vuelven a las facultades, o en el peor de los casos, al paro. Y créanme, no hay mayor sensación de fracaso o de estar retrocediendo en tus aspiraciones que publicar/locutar tus primeras noticias y tener que volver a dar clase.

En este tiempo de becarios vitalicios, el que se queda debe saber que renovar las prácticas tampoco es la panacea, ya que la mayoría de empresas alargan la estancia de sus becarios al máximo hasta el siguiente verano, cuando entrarán otros cuantos a los que poder tener cobrando una miseria durante el máximo tiempo posible. El becario, iluso, piensa que el estar tanto tiempo le supone una oportunidad de formar parte de la empresa. Nada más lejos de la realidad. Como bien recoge este artículo de El Huffington Post, un becario escuchará durante sus prácticas varias frases que forman parte de una tradición centenaria y que se transmiten de generación en generación: “Tómatelo como una oportunidad”, “¡Lo bien que te va a venir esto para tu currículum!”, “Al menos así no estás parado” o “Tienes un futuro prometedor”. También está el periodista veterano que te soltará el típico: “En mi época era peor”, o el que te diga: “Dinero no vas a ganar, pero vas a aprender mucho”. Y cómo no, la mítica: “Lo importante es meter la cabeza, si luego demuestras que vales te contratan”. Cuenta la leyenda que antes era así.

Como consejo para estos becarios, Juan Tortosa publicó en su blog un decálogo bastante interesante de cosas que un periodista no debería hacer nunca:

1. Tratar a los compañeros como rivales por muy competencia que te digan
que son.
2. Actuar como un trepa pisando a quien sea necesario para subir.
3. Negar un teléfono, un dato o un contacto a un compañero.
4. Hacer tuyas las guerras de las empresas entre sí. Lo más probable es
que a la larga ellos se arreglen y entonces seas tú quien te quedes con
el culo al aire.
5. Decirle a un jefe lo que piensas de él (como en cualquier oficio, claro).
6. Perder los nervios. Tensión, sí; histeria, no.
7. Pensar que la empresa para la que trabajas te va a valorar o
agradecer los esfuerzos.
8. Perder la perspectiva y creer que perteneces al círculo (político,
económico, cultural…) en el que se desarrolla tu trabajo.
9. Pedirle a tu entorno (familiar, de amigos…) opiniones sobre tu trabajo.
Los pondrás en el compromiso de tener que mentirte porque lo más
probable es que se interesen los primeros días, pero ya está.
10. Olvidar que se trata, sólo y simplemente, de un trabajo con el que te
ganas la vida… cada vez peor.

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