NO a la explotación de BECARIOS, por Alberto Calero (@acaleroj)

Nos educan para estar callados. Alzar la voz diciendo una verdad se ha convertido en un gesto de locura. Te llaman loco por decir en alto lo que todos saben pero nadie dice. Te dicen loco por defender unos derechos y un mínimo de dignidad. Tú entonces te planteas aquella cuestión atribuida a Einstein: “tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás”. Hay personas que prefieren refugiarse en el silencio y es respetable. La prudencia es una virtud pero nunca podemos llamar imprudente al que grita una injusticia, denuncia una ilegalidad o advierte de una situación absolutamente inmoral. Estoy cansado de escuchar que debemos ser “listos” como sinónimo de callar. Me da igual ser un idiota por hablar y decir lo que siento en este caso. Se trata de una cosa llamada conciencia.

Resulta insoportable la situación laboral actual de la mayor parte de colectivos profesionales. No corren buenos tiempos pero no podemos perder la fuerza de lucha. Como joven periodista hablo de mi profesión. Siento la obligación moral de volver a decir BASTA. No es la primera vez que lo digo y no soy el único. Como nadie hace caso, hay que volver a gritar a los cuatro vientos: NO a la explotación de becarios en los grandes medios de comunicación con beneficios millonarios. Somos nosotros los que debemos unirnos sin miedo.

La Asociación Salmantina de Periodistas ha emitido un comunicado denunciando sueldos miserables en ofertas de trabajo. En uno de los puntos se refiere a los futuros periodistas, es decir, a los estudiantes que son becarios: “históricamente, el periodista en proceso de formación o recién salido de la Facultad aceptaba convertirse en aprendiz a cambio de poder palpar la realidad del día a día de la profesión pero siempre dentro de unos parámetros razonables en los que su labor como meritorio estaba perfectamente acotada. De un tiempo a esta parte, sin embargo, resulta cada vez más frecuente conocer casos de futuros compañeros a los que en su periodo de prácticas se les encomiendan tareas propias de profesionales sin contar con el mínimo respaldo legal y por las que apenas son retribuidos”. Que así es todos lo sabemos. Resulta llamativo que esta asociación denuncie becas cobrando una miseria y otras asociaciones de periodistas publiciten estos días las pruebas para ser becario este verano. Un ejemplo: hace unos días corrió por las redes sociales las becas para una radio nacional y la oferta fue expuesta desde la Asociación de la Prensa de Madrid. En el medio en cuestión se paga 180 euros al mes a los que hay que descontar las comidas o cenas. Los becarios llegan a cobrar 140 euros incluso en turnos de noche o fines de semana. Sucede igual en las becas de otros medios. Algunos periodistas conocidos también se atreven a decirlo y eso ayuda. José María Íñigo escribía la pasada semana en su perfil de Twitter que: “es vergonzoso el trato que en general se da a becarios y estudiantes en prácticas. No se les enseña nada y se les usa como mano de obra barata o gratis”. ¿Para cuándo una reacción de todos contra el abuso? ¿Cuándo nos uniremos TODOS contra la explotación?

No descubro nada porque son ofertas públicas en bolsas de prácticas de las facultades y allí aparecen los nombres de los medios. La mayoría de las asociaciones pertenecientes a la FAPE conocen a la perfección lo que ocurre y aquí no hay cambios. Las universidades facilitan los convenios con las empresas sabiendo también las circunstancias de los becarios. Creo que precisamente son las facultades y asociaciones de periodistas las que deben poner límites y cortar los abusos. De lo contrario, se convierten en cómplices de una situación lamentable. No entiendo que la APM desarrolle la campaña de #gratisnotrabajo y no se rebele contra dichas retribuciones. ¿Acaso hay mucha diferencia entre no cobrar y ganar 140 o 200 euros al mes? Todos, absolutamente todos, sabemos que el becario no está para formarse y “meter cabeza” en el medio. Está para realizar las mismas tareas que el redactor fijo y habitual. Cubre las vacaciones realizando el mínimo de ocho horas de una jornada normal a cambio de un sueldo ridículo. Es un evidente ejemplo de uso de mano de obra barata. Algunos jóvenes se llegan a matricular de otras carreras para seguir siendo estudiante. Otros deciden dejarse asignaturas de Periodismo para no ser licenciado y ser un “eterno becario” sin apenas posibilidades de cambiar su “status” en un futuro. El empresario abusa de la ilusión y de la vocación. ¿Por qué la situación no cambia? ¿Hay más gente de la que creemos involucrada en este negocio? O gritamos todos juntos o aquí no hay nada que hacer. Lo he dicho siempre desde que me di cuenta de una cruel realidad. Ojalá sean muchos compañeros y profesionales los que alcen también la voz; profesionales que mañana pueden verse afectados por un ERE o cierre del medio donde trabajan sin ningún pudor ni sonrojo por parte del empresario.

Especialmente pido, por favor, a facultades de Ciencias de la Información y a la FAPE que paralicen lo que está sucediendo. Que lo hagan sin más demora, que empiecen YA. ¿Qué pasaría si este verano no hay becarios en los medios? ¿Podrán ejercer los trabajadores fijos su derecho a tener las correspondientes vacaciones? Los becarios tendrán este año esa ilusión que les impedirá decir NO. Aceptarán por aquello del “algo es algo”, mejor hacer esas prácticas que nada. Por eso depende de los demás que se establezcan unas normas: un salario mínimo con cierta dignidad y un control y vigilancia de los turnos. Cuando uno es becario recibe palmadas en la espalda. Cuando dejas de ser estudiante, cuando ya no hay convenios posibles con las universidades, desapareces del planeta.

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*