Ni empleos cutres ni empleados disfrazados, por @JosefinaLpez

En los últimos tiempos, he leído muchas elucubraciones acerca de cómo mostrar un currículo, de cómo redactar una carta de presentación y de cómo comportarte ante una entrevista de trabajo. Todos los autores te ofrecen consejos gratuitos y, según ellos, eficaces para obtener éxito en el proceso de búsqueda de trabajo. A ver, yo lo leo por si encuentro la varita mágica, pero vamos son todo palabras y frases manidas, rutinarias y de sentido común, porque muchos de esos consejos intentan que el candidato se comporte únicamente de forma educada. Me parece realmente estúpido leer que el postulante no debe suplicar o no debe dar respuestas largas a las preguntas del seleccionador o debe ir vestido con traje de chaqueta. ¡Qué haga lo que quiera! Mientras no se rasque los huevos o eructe, si es que tiene la costumbre de hacerlo, me parece que lo lógico es esperar que nadie se disfrace ni haga un sobreesfuerzo por mostrar quien no es. Y es que si de la parte de los seleccionadores se exige un mínimo de decoro, digo yo que los candidatos se merecen el mismo o más por encontrarse en una situación que precisa de solidaridad y de todo el respeto del mundo para que, por poner un ejemplo así de simple, no le ofrezcan 400 euros por un puesto de trabajo. Esto pasa, pasa todos los días y a todas horas, igual que te ofrezcan un contrato de dos horas para trabajar ocho, seis en negro, claro. Así es que, aunque sea autóctono de este país lo de fingir y simular, nos iría a todos mejor si dejáramos el cine a los profesionales y no nos mintiéramos con empleos cutres ni empleados travestidos. Yo, desde aquí, prometo no volver a incrementar mi nivel de inglés en el currículo.

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