Neoalgo, Neomudéjar, Neoviejo, por @CarlosPenedoC

Biblioteca Nacional de Sarajevo.
Algo comparten el Parlamento británico y su Big Ben, la catedral de Colonia y la plaza de toros de Las Ventas: los tres son neo-algo desde el punto de vista arquitectónico o artístico, neogótico en los dos primeros casos, neomudéjar en el nuestro.
El mismo grado de pastiche, de reinterpretación del pasado, de anacronismo, de indudable logro artístico cabría aplicarle a cada uno de los tres.
Somos hijos del nacionalismo del siglo XIX, sistema al que aún no hemos encontrado recambio y de donde procede gran parte de nuestro paisaje ideológico e institucional, también cultural.
Y en la época se produjo un fuerte movimiento arquitectónico marcado por el eclecticismo, que mezclaba elementos de diversos estilos y épocas; marcado por el historicismo, que miraba al pasado para resucitar soluciones arquitectónicas; marcado por el orientalismo, una fuerte querencia hacia lo exótico y el arte islámico.
En parte por influencias foráneas y también con claras raíces autóctonas, entre mediados del siglo XIX y el primer tercio del XX tuvo en España un éxito indudable el estilo neomudéjar.
Siendo rigurosos habría que englobarlo en el estilo neoárabe o neomusulmán practicado también en otros lugares: con este ropaje encontramos el Pabellón Real de Brighton -probablemente el pionero-, la sinagoga de Jerusalén en Praga, la Biblioteca Nacional de Sarajevo, la plaza de toros de Campo Pequeño en Lisboa, el Teatro Fox en Atlanta...
Por nuestra parte, interesa destacar dos aspectos de este estilo neomudéjar hispano-español, que sirvió para construir plazas de toros, pero también iglesias, fábricas, palacios, hoteles y estaciones de tren.
Plaza de toros de la Fuente del Berro (1874-1934), 
también conocida por la de Goya o Felipe II , 
situada en donde hoy está el Palacio de los
Deportes de la Comunidad de Madrid 
(Fuente: http://historias-matritenses.blogspot.com.es/).
Lo primero es que se produce al hilo de una mayor valoración por los propios españoles del arte hispano-musulmán y de Al Ándalus, en parte como reacción a la admiración que los viajeros románticos profesaban por este estilo y su entusiasmo al encontrar Oriente al sur de Europa, bastante más cerca que el Oriente Próximo y Lejano.
Lo segundo es que este revival mudéjar, como el gótico, está muy relacionado con la voluntad de encontrar el espíritu nacional, la búsqueda de un estilo arquitectónico que fuera expresión y símbolo de la Patria. Resulta paradójico que se tomara como esencia nacional un estilo artístico con origen en el modelo sobre cuya negación nació nuestro espíritu nacional.
La prueba del éxito y de la representatividad del neomudéjar es que fue el estilo arquitectónico escogido para construir el pabellón de España en la Exposición Universal de París de 1878 y 1889, al menos.
Plaza de Toros de Las Ventas, obra de los arquitectos
José Espeliú y Muñoz Monasterio, inaugurada en 1931,
foto de Luis García tomada en agosto de 2012 (Creative Commons).

Sin salir de casa

Una gran ventaja de este territorio donde hemos nacido es que podemos encontrar al Otro, lo exótico y la playa sin hacer muchos kilómetros.
El Otro es aquél contra quien nos posicionamos y ayuda bastante a autodefinirnos, a reforzar nuestra identidad. Para muchos es el musulmán y/o árabe, y aquí los hemos tenido, somos nosotros mismos hace 400 ó 500 años. El Otro está dentro de nosotros mismos, un fenómeno que en manos de Hitchcock hubiera dado para una docena de películas.
El exotismo que buscaban los románticos en el siglo XIX en Oriente también está aquí, como lo prueba el sabor del pepino.
Y la playa y las horas de sol  permiten que no tengamos necesidad de tomar pastillas de vitamina D salvo que residamos más de dos años en Luxemburgo.
Por tanto, y como conclusión, la solución y los problemas están dentro de nosotros mismos. Y la salida a la crisis es una mezcla de viejo y nuevo a partes iguales.
Estación de tren de Toledo, obra de Narciso Clavería, 1919.

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