Necesitamos a nuestros jóvenes, por Javier Astasio



Llevan décadas pasando de ellos. Tanto desde la izquierda como desde la derecha. Para los partidos políticos españoles, los jóvenes no cuentan, no saben, no votan y, en tanto que no acudan a las urnas, bendecirán su mala gestión, su corrupción y su inoperancia, Pero, ojo, porque, de ser ciertos los resultados de la encuesta de Demoscopia conocidos en las últimas horas, y no tienen por qué no serlo, el gigante dormido podría estar despertando dando su voto a la izquierda.
Durante décadas, mediante campañas nada inocentes y perfectamente, se nos ha hecho creer en la indolencia de nuestros jóvenes, mostrándoles como si estuviesen interesados en botellones y poco más, se nos ha hablado hasta el hartazgo de la generación "ni-ni", cuando, en realidad, la mayoría de nuestros jóvenes, si no estudian o no trabajan, es porque no pueden, se nos viene pintando a la juventud española como egoísta e insolidaria y nada más lejos de la realidad, porque creen en el valor redistributivo de los impuestos y en el estado de bienestar del que quieren privarles.
Casi resulta tópico decirlo, pero estas generaciones de jóvenes que, por acción u omisión, hemos acabado condenado a usurpar como becarios pagados con sueldos de mierda los mismos puestos de trabajo que les corresponderían son las generaciones mejor preparadas de nuestra historia y son, paradójicamente, las primeras condenadas a vivir peor que han vivido sus padres, porque han tenido que cambiar la maleta de cartón de sus padres, sus tíos o sus abuelos, por la mochila, las novelas del Oeste y el papel de escribir por el streaming, el cine en mp4 y el skype, las largas horas de tren por un vuelo "low cost" a Alemania o donde sea, y aquel sueño de un piso y un tallercito o un bar por cualquier emprendimiento, porque el país que les educó con los impuestos de sus padres y otros como sus padres no es capaz de darles el trabajo digno que merecen.
Pese a que algunos han querido hacerlos creer lo contrario, ahora resulta que nuestros jóvenes creen más en el estado de bienestar que construimos sus padres de lo que creen los gobernantes que nosotros mismos elegimos. Y si creen más en él es porque le están viendo las orejas al lobo del desamparo, al lobo de la insolidaridad y el egoísmo que predica el PP entre sus votantes. Se están dando cuenta de que es sistema que las grandes corporaciones se están cargando, rebañando subvenciones y evadiendo los impuestos que nos deben mediante toda esa ingeniería fiscal que nuestros gobiernos les consienten, es bueno y les conviene. Se están dando cuenta de que, al menos en democracia, casi cualquier tiempo pasado fue mejor. Tanto que el único expresidente que aprueban, además del desaparecido Adolfo Suárez, es Felipe González, quizá porque nos dieron más de lo que los actuales se están llevando.
Está claro a la vista de los datos que arroja la encuesta que estos jóvenes, los que tienen menos de treinta y cinco años, algunos con su proyecto de vida ya truncado, tienen criterio. Lo malo es que el sistema político, ideado para primar a los dos grandes partidos, no les brinda la oportunidad de canalizar ese buen criterio que, al parecer, tienen. Quizá por eso, se quedan en casa. Quizá por eso no se acercan a unas urnas en las que, en la práctica, no todas las papeletas tienen el mismo valor. Quizá por eso, pese a creer en la política, han acabado dando la espalda a estos políticos.
No es la primera vez que lo escribo, pero creo que ya es hora de reformar este sistema electoral injusto con ganadores predeterminados, es el momento de acabar con la Ley D'Hont que ha dado lugar a toda una aristocracia de la política corrupta e inmovilista. Creo firmemente que, si queremos que nuestros jóvenes vuelvan a las urnas o lo hagan por primera vez, hay que dejar que lo hagan a quienes les ven como lo que son, ciudadanos como cualquiera, no a los partidos que han acabado convirtiendo sus organizaciones juveniles en academias de futuros mandos, como en la OJE, que tomen el relevo de los actuales, siempre a su imagen y semejanza.

Tanto es así, que estoy firmemente convencido de que sólo votaré a un partido que lleve en su programa el cambio de la ley electoral y el corruptible sistema de financiación de los partidos. Tenemos que cambiarlo, lo necesitan nuestros jóvenes y nosotros les necesitamos a ellos.


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