Montoro, como Gallardón, por Javier Astasio


No hace falta mucha imaginación para deducir qué significado tiene en Chile, ignoro si en el resto de América Latina, el gesto que, inconscientemente o quizá no tanto, hace en la foto el ministro. Efectivamente, es lo mismo que aquí nos decimos cuando, sin ningún miramiento, nos golpeamos sonoramente el brazo, generalmente el derecho, por encima del codo, con la palma abierta de la mano del otro, mientras el puño del brazo golpeado permanece cerrado. Dicho de otro modo, lo que el ministro parece estar haciendo es mandarnos "a tomar por culo". Porque, aunque no lo pensase, tal parece que fuese ese el pensamiento del ministro cuando seleccionó a los miembros del comité de sabios que acaban de proponerle los ejes para la que pretende ser su gran reforma fiscal.
Sabios en qué o sabios de quién, porque o no tienen idea de cuál es el tejido social en España o, por el contrario lo saben muy bien y saben perfectamente qué es lo que quiere escuchar el Gobierno y la buena estirpe para la que, en el fondo, trabaja. Más que expertos economistas parecen simples contables de los de antes, los que cobraban la renta a los apareceros del "señorito", hubiese habido cosecha o no y, de paso, se llevaban alguna gallina, regalada, claro, o algún virgo, para sí o para el amo.
El retrato de la España que pretenden los contables del ministro se parece mucho al de la España de Galdós o de Felipe Trigo, esa España de señoritos siempre a caballo, siempre en calesa, y plebeyos lampando por sobrevivir. Nos saldrán ahora, como si lo viese, con que el informe no es vinculante para el Gobierno o con que sus conclusiones no son las suyas. Pero está claro que, cuando lo encargaron, y lo pagaron, sabían a quién se lo encargaban y qué le pedían. 
A estas alturas, ya no me cabe duda de lo que pedían. Y lo que pedían no es otra cosa, no puede serlo a la vista de los resultados, que un conjunto de medidas que, sobre el papel, les permita volver a anunciar en la próxima campaña de las europeas su falsa promesa de bajar los impuestos, como si el IVA no lo fuese, y compensando esa falta de ingresos, con la subida del IVA reducido o gravando la propiedad de la vivienda, pero sin tocar, eso sí, el impuesto de sociedades, el del patrimonio o el IBI de lis edificios que sigue rapiñando la iglesia católica española. O lo que es lo mismo, el resultado del partido sería una vez más Ricos, 1 - Pobres, 0.
Tal parece que a los expertos les hubiese contratado la duquesa de Alba o cualquiera de sus colegas o que, al menos, les hubiese sobornado para que no le tocasen "lo suyo", porque la señora duquesa no tributará por sus fincas o palacios, o no tributará más por ellos, también quedarían a salvo sus administradores, a los que suponemos bien pagados, porque el tipo máximo del IRPF que pagan, baja de golpe más de diez puntos, mientras que a los españolitos de a pie, los que viven de un sueldo apenas por encima del mínimo para tributar, la bajada del IRPF les supondrá poco más que un café o unas cañas al cabo del año, frente a los miles de euros que se ahorrarán los ricos.
Aunque, al final y en parte, el informe sólo sea un globo sonda, el intento, o invento, no lo sé, es perverso, porque pretende meternos el miedo en el cuerpo de manera que, luego, cualquier reforma menos rigurosa nos parezca un mal menor. Algo así como perder una uña, cuando te han advertido de que lo que podrías haber perdido era el brazo, todo un alivio si nos olvidamos de que la uña es nuestra y de que también la necesitamos.
Si tenemos la precaución de "echar las cuentas" veremos que lo que nos van a cobrar de más por todo vía IVA, que lo que tendremos que pagar por nuestra vivienda "por si algún día la vendemos", que lo que nos deducirán de la indemnización que nos den si nos despiden, qué vergüenza, sumado a lo que tendremos que pagar por los medicamentos, la escuela, las tasas universitarias, las judiciales o lo que perderemos en calidad de los pocos servicios públicos que nos dejen conservar supera y multiplica por cien o por mil esos míseros euros que nos van a rebajar del impuesto sobre la renta.
Otra vez la ley del embudo en su expresión más cruda, otra vez cavando en el lado de los humildes para ahondar y ensanchar la brecha que cada vez separa más la vida de los ricos y los pobres. Y, mientras tanto, el Estado haciendo dejación de su deber de perseguir a quienes defraudan o malversan e dinero público que reciben. Los directivos de la CEIM que se quedaban con el dinero destinado a la formación de los trabajadores no lo hubieran hecho mejor. Nos podríamos haber ahorrado el informe, hubiese bastado con dar atrás en la máquina del tiempo, porque lo que parece pretender Montoro es arrebatar a Gallardón el título de ministro más retrógrado del Gobierno, llevándonos directamente, no ya al franquismo, sino al siglo XIX. 


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