Mirotic y Llull hacen realidad la final más previsible

Habrá clásico también en la Copa ACB. Sin dejar margen a la sorpresa, el Real Madrid venció al Banca Cívica en la segunda semifinal (92-84) del Sant Jordi y peleará con el Barça Regal por la supremacía histórica del torneo. Infalibles desde el 6,75 y superiores en el rebote, los blancos administraron con altibajos una renta que llegó a ser de 25 puntos para meterse en una finalísima que puede acabar con su sequía copera de casi dos décadas.

Con Mirotic estelar (21 puntos, 6/8 en triples) y Sergio Llull como complemento perfecto (17 puntos, 22 de valoración), los blancos ametrallaron desde la larga distancia a un Banca Cívica que echó de menos a su estrella Paul Davis, al que el equipo de Pablo Laso anuló en la pintura.

Sin embargo, y a pesar de avistar la final ya en el arranque del segundo cuarto (30-14, min. 12) tras encadenar seis triples sin error, el Madrid se empeñó en dar vida a los de Joan Plaza. En un abrir y cerrar de ojos, y  por obra y gracia de un inspirado Bogdanovic (9 puntos prácticamente consecutivos), los cajistas culminaron la remontada antes del intervalo (40-41, min 17).

La reanudación, sin embargo, pesó demasiado en los hispalenses, que entregaron el partido en un tercer cuarto lamentable para sus intereses y en el que los madridistas, esta vez con Llull y Mirotic como artilleros, volvieron a situarse con +25 (74-49).

Pero como si de un calco del segundo cuarto se tratase, el Banca Cívica volvió a soñar con la remontada en el arranque del último periodo gracias a las canastas fáciles provocadas por las numerosas pérdidas de balón (hasta 16) de los de Pablo Laso. Con 76-68 en el electrónico, el técnico vitoriano se vio obligado a frenar con un tiempo muerto el arreón andaluz que Mirotic erradicó de forma definitiva en la pista. Espectacular el partido del hispano-montenegrino,  que puede vivir su consagración definitiva en la Copa más ansiada por el madridismo.  Bueno, casi tanto como la Décima. El Barça, también aquí, volverá a ser su gran escollo.

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